Talleres Mecánicos

TallerHay cosas que no hacen a la escencia de la vida, que no son factores determinantes de nuestro destino, pero de las cuales la vida cotidiana está llena, eso que llaman “las pequeñas cosas”, tomar mate, leerle un cuento a un hijo, todo ese tipo de cosas que hacen a la rutina diaria y que, según algunos, es la verdadera felicidad. Claro, no debemos olvidar que si de rutina hablamos tenemos que mencionar no solo estos bellos momentos, si no también otros, igual de cotideanos pero menos bellos como : comprar desodorante, la tapa del inodoro, cambiar un cuerito y un sin número de etcéteras. Hay cosas dentro de éste último sub grupo que son realmente molestas, pero hay una de esas “pequeñas cotidaneidades inevitables” que odio profundamente: Ir al mecánico.
No se confundan, no odio a los mecánicos (no a todos), odio todas las situaciones que rodean al hecho, desde que me doy cuenta de que tengo que ir al mecánico hasta que guardo el auto en el garage nuevamente, es un suplicio, un infierno y la verdad es que no se porqué, la realidad es que nunca me ha pasado nada grave, nunca me han estafado, nunca me han robado el auto y rara vez me han hecho un mal arreglo, pero odio la situación.
Me refiere no sólo al mecánico propiamente dicho, si no también al taller de electricidad del automotor, al chapista, al cerrajero, al taller de frenos, e inclusive a las casas de repuesto; aunque ahora que lo pienso bien el taller de alineación y balanceo no me provoca esa sensación, debe ser porque está enfrente de casa.
No importa si fundí el auto o simplemente necesito hacerle afinamiento o cambio de aceite, si es un choque o una pequeña pérdida de una manguera, es algo que no soporto, entrar a los galpones fríos, esperar con miedo el presupuesto, saber que los repuestos salen 4 veces más de lo que calculé, “traemelo el lunes“, volver al taller y que me digan que encontraron otra cosa, dejar el auto hasta mañana porque “no tuvo tiempo”, esperar que corran los autos para sacar el tuyo, volver a casa y descubrir que te arreglaron la pérdida pero que ahora se queda pegado el burro de arranque, pagar, que te muestren cosas que realmente no tienen como probar que estaban dentro de tu auto, perros engrasados, olor a aceite, radio AM, almanaques berretas de minas en bolas…..ODIO IR AL MECANICO.
Si tuviese tiempo, ganas y dinero pondría un taller mecánico integral, con atención de primera clase y sala de espera confortable, para que mis clientes no tuviesen que pasar por todas esas cosas, inclusive pondría un delivery de autos: “Se lo vamos a buscar y se lo devolvemos como nuevo“, o mecánicos a domicilio para pequeñas fallas, además, claro está, tendría mi equipo de psicólogos especializados para los casos de grandes roturas (choques, fundiciones,, quebraduras de palieres), eso si, cobraría caro.
….Odio ir al mecánico, aunque ahora que lo pienso, odio más ir al dentista.

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