Nadie lo dice, pero prologar es un arte, muchas veces he leído prólogos mucho mejores que los libros, Abelardo Castillo narra en cierto ensayo autobiográfico que en su juventud, cuando alguien le comentaba sobre la obra de algún autor se iba hasta la biblioteca de su pueblo, pedía un libro y leía únicamente el prólogo para saber algo de ese autor. Borges no solo prologó todos sus libros en la edición primera de sus “Obras Completas“, compiló además un libro de todos los prólogos que había escrito y lo prologó, la curiosa colección se llamó “Prologos con un prólogo de prólogos“, impresionante….Prologar es todo un arte, que sin dudas yo no domino, pero que me veo obligado a ensayar para presentar una nueva sección de este infame blog dedicada a ciertos ensayos abyectos de mi autoría.
Desde el punto de vista semántico, por ensayo entiendo la primera definición que propone la RAE:“Acción y resultado de ensayar“; con lo cual debemos remitirnos al verbo “ensayar”, la definición de la Academia es: “hacer la prueba de cualquier otro tipo de acto antes de realizarlo“. Pero no voy a detenerme en algo que todos saben, los ensayos son pruebas previas, en teatro consiste en representar escenas del espectáculo sin público, en el deporte significa entrenamiento y en cada una de las disciplinas suceptibles de ser ensayadas significa practicar. Pero en literatura el ensayo es un género específico bajo el cual se clasifican muchos tipos de obras que tratan sobre política, sociología, historia y hasta ficción, el ensayo es una especie de híbrido que puede versar incluso sobre temas fantasticos pero en el que el autor no se esfuerza por esconder su identidad detrás de un personaje, si no que vierte directamente las opiniones. La definición reza: Obra en prosa, de extensión variable, en la que un autor reflexiona sobre determinado tema. No me atrevo a afirmar que en literatura, se clasifica bajo el término de ensayo a todo aquello que no entra en ninguna otra categoría, pero si alguien con verdadera autoridad lo afirmara, no dudaría en adherir a esa definición.
Supongo que este género debe su origen a verdaderos ensayos, es decir a ciertos párrafos que sus autores creaban con el sólo propósito de ejercitar su prosa (porque cualquiera sabe que a escribir se aprende escribiendo), sin intención de publicar. Imagino a esos supuestos escritores tejiendo narraciones y vertiendo opiniones sin cuidarse de respetar estilos o géneros, mezclando personajes fantásticos, históricos y cotidianos. En algún momento uno de esos escritos (o varios) vieron la luz y se publicaron como lo que eran: borradores, prácticas, entrenamientos literarios, y así nació el género. Por ello es que tomo el ensayo en ese sentido que es bajo el cual debe considerarse esta categoría en el blog.
Sartre postulaba que para camuflar el absurdo que implica la existencia, el hombre necesita razones que guíen su vida, no son más insignificantes unas de otras por más importantes que parezcan, unos intentarán gobernar, otros tener hijos y otros tocar el piano. No comparto la filosofía existencialista, pero reconozco que, cada tanto, algunos necesitamos hacer algo que de sentido a nuestras vidas o al menos a nuestros weblogs. No se si la serie de bocetos inclasificables que voy a ensayar le da sentido a este espacio para alguien más que mi mismo, pero eso me basta, se ha vuelto tan trivial este blog, que necesito usarlo para algo o cerrarlo.
Los ensayos a los que me refiero serán prácticas, borradores no aspiran a un destino más glorioso que el de quedarse en eso, en prácticas de la utilización de la única herramienta que conozco para expresarme: las letras. No espero adeptos, no espero críticas, ni elogios tampoco, solo espero poder bosquejar ciertas pasiones con estos símbolos que componen el lenguaje. Si a alguien llegase a interesarse en estos ensayos, pido anticipadamente perdón. Las cartas están dadas, que se inicie la farsa y que Yavé me perdone.
Por alguna razón estoy sumido últimamente en inexplicables tribulaciones metafísicas que no me permiten juzgar la realidad con racionalidad. Este hecho, es obvio, me impide escribir aquí alguna necedad o infamia como vengo haciendolo desde hace un año y medio regularmente. Se que no debo pedir disculpas, no lo haré, pero al menos sepan que se que no debo hacerlo.
Las obligaciones dominicales (familiares, amorosas, hedónicas, etc.) no me permiten extenderme demasiado, pero hay que ser justos: hoy el gran Julio Cortázar cumpliría 93 años. Curiosa vida la de este maravilloso escritor, no sólo por la magia de sus cuentos y la singularidad de sus novelas, es curioso también el hecho de que habiendo nacido en Bruselas y habiendo muerto en París fuese argentino y no europeo. Espero que sirva esta mención como homenaje y este maravilloso texto como conmemoración de su genialidad literaria.
Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
En “Historia de Cronopios y Famas”, Buenos Aires, Ediciones Minotauro, 1962
Siendo adepto lector reincidente de las obras de Borges, debería hacer una especie de post homenaje hoy 24 de agosto, fecha análoga en que nació el escritor allá por 1899; no obstante, este mes he cansado suficiente con post sobre Borges a los indiscretos que se asoman por aquí de vez en cuando. Son escasas las posibilidades que poseo de hacer un buen homenaje, al menos un homenaje digno, pero la mera referencia a la fecha, una anécdota y la remisión a otro blog creo que podrán zajar mi indigencia. Hace un tiempo (no se cuanto, porque el tiempo es un disfraz) un gran amigo mío, Andrés, me comentaba su teoría: “A Borges -me decía-, he intentado leerlo, no entiendo demasiado, considero que su obra requiere para su cabal comprensión de otras lecturas anteriores que nos den la sabiduría de comprender sus constantes referencias a infinitas bibliotecas, es un autor sin lugar a dudas extraordinario, pero su lectura debe ser encarada por el lector aficionado ya en su madurez, dado que recién ahí se sabe lo suficiente como para entender la magia y singularidad de su literatura, esto explicaría porqué Borges es el autor cuya obra es la más debatida y paradójicamente menos leída“. Los años posteriores a aquella noche (en la que dicho sea de paso a mi amigo Andrés le robaron el espejo de su auto en el Bajo), trajeron, como siempre amarguras y ciertas felicidades, un amor y la serenidad y también el ocio que es vástago del desempleo y con el la lectura indiscriminada de las obras de Borges y ulteriores relecturas. Todo es relativo, claro, pero ciertos aspectos de aquella opinión son válidos, aunque no todos, allí reside la singularidad de la obra de Borges, su lectura requiere sin lugar a dudas alguna lectura preliminar, sin la cual nos veríamos impedidos de distinguir el humor con el que usa citas apócrifas, de las referencias a otras obras verdaderas que enriqucen sus relatos, ensayos y poesías. Pero por otro lado la falta de conocimiento respecto de aquella literatura referida en las obras, no impide disfrutar de su lectura ni nos priva tampoco de la belleza de ese arte tan particular que es la literatura borgeana.
Que Borges sea inmortal no es novedad, ni debe sorprender, pero la verdadera maravilla de su literatura reside en que es infinita: la lectura de un mismo cuento o poema en diferentes circunstancias las transforma en piezas diferente de arte, de ahí que la vasta obra se multiplique. Bastará para demostrarlo una referencia: El post que contiene el cuento “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz“y las posibles formas de lectura con o sin analogías vienen a confirmar lo que me decía mi amigo Andrés, y también a invalidarlo, los remito ahí, les recomiendo ese cuento y les recomiendo leer a Borges sin prejuicios ni miedos, es una aventura literaria tan agradable como cualquier otra pero con un plus mágico que pocos autores pueden lograr (Cortázar seguro, Bioy, Poe, García Márquez, Puig…).
Como nota final debo, inevitablemente aludir a ciertos comentarios despectivos respecto a mis opiniones sobre literatura, es probable que sean justos, pero la insignificancia de mi opinión los torna más absurdos aún que sus argumentos, les pido únicamente a estos opinólogos agudos que no empleen epítetos groseros para poder dejar sus comentarios disidentes sin tener que borrarlos por una cuestión de buen gusto.
En su prólogo a la reedición de Fervor de Buenos Aires del año 1969, Borges decía descreer del éxito y del fracaso y de las escuelas literarias y sus dogmas, y es precisamente su rechazo por las pautas dictadas por petulantes e infames académicos de la literatura una de las cosas que más admiré siempre de Borges y es también, probablemente, la causa de que nunca obtuviese el Premio Nobel de Literatura. Hoy, veintiún años después de su muerte (aunque quien sabe si es muerte lo de Borges), muchos siguen envidiando su talento para escribir.
Es menor el hecho de que Paul Auster, haya dicho en una nota de la revista cultural de La Nación que Borges era un “escritor menor genial“, ya que tomando en contexto esa desafortunada opinión, puede eximirse a Auster de lo absurdo del argumento en el que fundamenta su juicio: el hecho de no haber escrito novelas. Lo que es patético es el debate de algunos necios presumidos al respecto en un foro que la misma revista habilitó para tal fin. En el se pueden leer opiniones muy diversas y en varios sentidos, no obstante hay algunas que se destacan por lo descabellado de sus premisas: que su obra es una imitación de Doyle, que nunca escribió nada “esencial” (me pregunto que será esencial), que su genialidad es un mito, y otras muchas opiniones que solo denotan la ignorancia de ociosos internautas intentando “ser originales” para impresionar, pero sin lugar a dudas sin haber leído nunca nada de Borges.
Está claro que después de 21 años Borges sigue sin ser superado como escritor, como artista y como pensador, de otra manera esta polémica no sería más que una elegía. Mientras en la academia se lo dogmatiza, mientras en esta clase de foros se miente sobre su obra y mientras nuestros artistas contemporáneos tratan de minimizarlo como autor, yo (que prácticamente no soy nadie) recomiendo leerlo, una y otra vez, que es la manera de leer sus libros, después de todo lo único válido es lo que pueda aportarnos a cada uno de sus lectores, el resto es mero cotilleo.
Hace un tiempo me prestaron un libro de un tal Raúl Biaggioni, eran cuentos de fútbol escritos realmente de forma aberrante, absurda, la más burda imitación de literatura que he leído en los últimos tiempos, luegon entendí, Raúl Biaggioni no es otro que el patético Larry De Clay, bufón de Marcelo Tinelli. Es que Marce convierte en oro lo que toca, y a veces lo que toca es estupidez concentrada (si no miren a Matías Alé). Aprovechando el impulso Tinelistico y la escasez de requisitos para ser Candidato K, el soporífero humorista ha lanzado su candidatura a Intendente de Escobar por el Frente para la Victoria, si Larry puede ser intendente yo desde este mismo momento proclamo mi candidatura irrenunciable a Premio Nobel de la Paz, total da para todo no?
En un país normal la solución al problema del tránsito vehicular tendrían que diseñarlas los dirigentes y las empresas y vendría dada por dos tipos de medidas: las de largo plazo, como inversión en infraestructura y la de corto plazo con un reordenamiento que si o si debería implicar una mejora sustancial en la calidad y frecuencia del transporte público de pasajeros.
Pero Argentina no es un país normal, por eso la solución, al menos transitoria, la dan los ciudadanos comunes ayudados por la maravillosa revolución que es internet: Comparto Coche es un sitio que busca acercar a los vecinos de Buenos aires que utilicen similares recorridos para llegar a sus trabajos, al compartir el transporte y los costos ahorran, que no es poco en épocas de inflación. Pero además, de expandirse masivamente esta práctica, la afluencia de vehículos hacia el centro disminuirá considerablemente, ya se, es una situación ideal y llevará tiempo que se masifique, pero por lo menos es una iniciativa que suma y, como todo lo bueno de este país, es fruto únicamente de la inventiva popular con escaso o nulo apoyo del Gobierno de turno. Estoy demasiado ocupado intentando el dominio del universo, pero si alguien tiene tiempo se podría replicar un proyecto análogo para Mendoza.
Por casualidad me enteré de que inauguró su blog Daniel Hadad, la noticia no tiene nada de peculiar teniendo en cuenta la prodigiosa multiplicación de bitácoras de gente del ambiente periodístico. Lo que si me llamó la atención fué uno de los comentarios que se hicieron en uno de sus primeros posts:
…Soledad Lepez, de manera impecable hace alarde de su barroca capacidad de elogiar, para luego olvidar los motivos, entonces vuelve 3 minutos después para hacer efectiva la petición que motivaba la vulgar apología, ingenuo pero no menos original recurso para buscar trabajo.
LLamaron mi atención, durante la semana, el contraste entre dos post, de distintos blogs, en distintos días, pero ambos sobre navajas: el primero lo encontré en el blog Poco Interesante y el otro en el legendario Microsiervos; como si se hubiesen puesto de acuerdo, los autores de ambos blogs nos alertan sobre la existencia de dos extremos opuestos en cuanto a navajas:
La Wenger Giant Swiss Army Knife tiene lo mismo que una Victorinox y muchas cosas, seguramente superfluas, más, parece una parodia de la famosa navaja suiza en su mejor versión, vale 1.000 dólares y viene en una caja enorme…¿que hubiese hecho Mc Giver con una de estas? o mejor dicho ¿que no hubiese hecho? es evidente que este es el sueño de Mc Giver…pero ¿no es mas cómoda por tamaño una caja de herramientas?
En cambio la BCB Mini Work Tooles una herramienta multiuso que tiene el tamaño de una tarjeta de crédito, trae sierra para madera, regla, destapador de botellas, cuchillo, un par de destornilladores, compás y un par de cosas mas. Ideal para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero, por sólo 10 dólares.