Salvo Victor Sueiro, nadie en este planeta sabe realmente que hay después de la muerte (nadie vivo en realidad), somo fortuitos y por lo tanto también lo es la culminación de nuestro paso por el mundo, es lo que nos negamos a aceptar al menos en el lado occidental del mundo. Desde chicos le tenemos miedo a la muerte, a pesar de que la mitad de las personas niega ese miedo, el mismo existe, no lo podemos controlar, muestra de ello es el famoso instinto de supervivencia, salvo honrosas excepciones nadie se quiere morir, al menos no hoy. Pero miremos el lado bueno de la muerte, hay buenas razones para morirse, la revelación final del misterio, dejar de sufrir por frivolidades y la cesación de la excesiva dependencia de dinero entre otras cosas. Pero para un artista morirse tiene un plus adicional, parece que las consagraciones definitivas empiezan inmediatamente después de la muerte, lo cual hace, por supuesto, que los precios de sus obras suban, lástima que el único que no se beneficia con ello es el artista, que ya está en otro mundo en donde el arte es una nimiedad.
Esto viene a colación del cambio abismal en los precios de los libros del Negro Fontanarrosa en las últimas semanas, hasta hace un mes los libros de cuentos y novela de Fontanarrosa costaban en promedio $22, ahora están todos arriba de $30, mientras que los libros de hsitorietas, que antes salían $12, ahora están a $19. ¿¿¿El INDEC reflejará esto en sus índices???


