Ante todo pido disculpas a quienes en las últimas horas intentaron sin éxito entrar al blog, con todo esto de la mudanza me olvidé de pagar el hosting y me suspendieron la cuenta. Así fue que esta mañana temprano, me abrí paso entre la niebla para ir hasta Capital Federal a solucionar el problema y, de paso, a vagar un poco por ahí, a recorrer al azar, solo, sin encontrar a nadie (la misma práctica en Mendoza implica en 10 cuadras pararse a saludar a 5 tipos, 10 cuadras más y se acaba el centro). Desde las oficinas de Nuthost en la Avenida Independencia, tras pagar varios meses por adelantado, tomé por Virrey Ceballos llegué al Circo de la Nación, es decir al Congreso. Vi varias carpas rodeadas todas de una multitud, “que alto grado de militancia” pensé, pero al acercarme noté que la gente hacía cola para comer tortas fritas en la carpa del campo, al lado una carpa montada por la producción de un programa de televisión cobijaba de las ávidas manos de los transeúntes masculinos a la pulposa Pamela David (famosa por lo pavota y por sus tetas de silicona). Me llamó la atención la presencia de pecheras con el logo “MST” y más abajo “Seguridad”. Resulta paradójico, tipos que antes se prendían en cuanto quilombo había, ahora están poniendo orden.
Antes de venir a Buenos Aires me enteré de la presentación del libro de Luc “Consideraciones acerca de Tutiplenes y otros frutos de mar“, editado por Aurelia Rivera Libros. Como yo, varios mendocinos lamentamos que la edición no llegase a esas tierras. Las circunstancias me trajeron aquí y una de las primeras cosas que hice fue hacerme una escapada y buscarlo.
Al pensar en alguna definición sintética para “Consideraciones acerca de Tutiplenes y otros frutos de mar” no se puede dejar de considerar la de Gustavo Nielsen, es una muy buena metáfora: si la literatura es una fiesta, los tutiplenes son el cotillón, el color, la diversión. También se podría hacer un comentario al estilo de Guillermo Piro en prólogo (o antepropósito) del volúmen, utilizando el mismo registro de narración, el mismo tono del libro, pero temo que para eso me falta talento, además, al igual que con la metáfora de la literatura como fiesta, ese recurso ya fue utilizado.
No me queda otro camino, dadas las circunstancias, que hacer mi propio comentario, no sin antes dejar asentado, que no fui, soy, ni seré crítico literario, solamente me gusta mucho leer, y trato hace años de escribir alguna página válida sin éxito por ahora.
Quien, apasionado por los libros haya ido con la literatura más allá del rol pasivo de ávido lector sabe de las dificultades que presenta esta rama del arte, al contrario de lo que a veces parece, hacer literatura no es fácil, el proceso de creación demanda un esfuerzo considerable, una voluntad férrea y sobre todo mucho papel. También es muy dificil hacer humor, y me refiero al humor en serio, al de verdad, no al chiste fácil, a la humorada tosca y forzada, a burlarse del otro. Y más difícil aún es el humor en esta época en la cual todos se empeñan en ser graciosos, los recursos habituales del humor se agotan cada vez más rápido, la ironía atrasa, nada puede sorprender demasiado y las tortas en la cara no hacen reír a nadie. Dadas estas dificultades, ”Consideraciones acerca de Tutiplenes y otros frutos de mar” es un feliz hallazgo, porque supera con creces las expectativas, tanto literarias (al menos mis expectativas literarias) como humorísticas. Como dije no soy crítico literario, poco puedo decir de la literatura pura (y perdón por la rima), sobre la técnica, sólo demando de una obra que esté asentada en un lenguaje lo suficientemente amplio como para reconocer un estilo y lo suficientemente simple como para que las palabras sólo sean un escalón hacia lo verdaderamente importante (la narración, los universos a los que el autor me invita, los paisajes, las situaciones, la perplejidad….), un simple puente intermedio, pero, repito, un puente estéticamente logrado, trabajado, bello; y el libro ofrece eso de punta a punta, desde el diseño de tapa, que brilla por su originalidad, hasta la última palabra utilizada; es un viaje suave, cómodo, que se goza y que además permite disfrutar la esencia misma de los textos. En ese sentido la obra cumple ampliamente y en todo momento mis expectativas. Lo otro es el contenido, la esencia, el corazón mismo y objeto de la obra. Es difícil pensar en libros que me hayan hecho reír, un simple repaso me obliga a mencionar a los cuentos de Woody Allen, los de Dolina, algunos de Fontanarrosa, los cronopios y famas de Cortázar y, a veces, el barroco exagerado de Bustos Domeq. Seguramente un análisis comparativo profundo de estos textos nos llevaría a encontrar un común denominador, lejos estoy yo de poder llevar a cabo dicho análisis, pero intuitivamente puedo decir que hay por lo menos dos factores en el que todos coinciden: la sorpresa y el absurdo (que adopta distintas formas, pero no deja de ser tal). Lo original de cada texto, de cada autor, de cada obra, es la forma en que se llega a sorprender. De estos Tutiplenes, que sin lugar a dudas logran con creces ese cometido final que es la sonrisa, la carcajada, la sorpresa, me llamó la atención el uso de la digresión como recurso para sorprender, para hacer reír para llevarme (a mí, lector) desde un punto de partida x, a uno inimaginable, que por inimaginable sorprende y que por el recorrido que propone divierte. Ejemplo: Partir de He-Man, pasar por Mr. Músculo, para que el perro se termine comiendo a un muñequito. Por otro lado hay textos que, sin perder ese hilo de digresión irónica y aparentemente absurda, se ríen de realidades cotidianas, sobre cosas que de alguna manera nos viven pasando a todos y ¿qué mejor que vernos reflejados en una situación absurda para reírnos?, ¿que más queremos que reírnos de nosotros mismos, aunque sea un ratito? ¿De que sirve reirnos de los demás? Esa propuesta no sería original.
En fin, todo para justificar el concepto: el libro es excelente, cumplió mis expectativas ampliamente (Es inevitable formar expectativas sobre un libro que escribe alguien cuyo blog vengo leyendo hace bastante). Tiene mucho de lo que algunos críticos literarios actualmente valoran, digresión, estilo, fragmentación y un plus, el humor a veces absurdo, a veces irónico. Supongo que hay mas cosas en el libro, intuí un hilo invisible, una esencia que no he podido rescatar, sobre todo en los juegos descabellados que se proponen y en una que otra de las historias que rozan al amor, pero voy a insistir.
En fin, me extendí demasiado creo, pero redondeando: “Consideraciones acerca de Tutiplenes y otros frutos de mar” es uno de los libros que a mi me gusta tener en la biblioteca, para hojear al azar cada tanto, para llevar en los viajes urbanos, para tenerlos en el bolsillo a mano en las tenebrosas salas de espera odontológicas, para leer en voz alta con amigos algún pasaje (en adelante Tutiplen) o para matizar en una tarde de verano en la pileta, es un libro que permite relecturas, me encantó, me hizo reír y me dejó un gusto dulzón en el paladar literario. Ya que Nielsen utilizó la metáfora de la fiesta, voy a utilizar la gastronómica: “Es un libro del que uno se hace habitué, un libro en el que se come muy bien“. Recomiendo conseguirlo, antes de que se agote.
Derechos de autor nulos, costos de edición bajos, best sellers a pedido, plazos de entrega cortos, narraciones orientadas a mercados numerosos, autores propensos a cualquier tipo de sugerencias…. ¿Qué más puede pedir una editorial?
Lo único que le faltaba a la literatura, una pc que escribe novelas. Ya salió “Amor Verdadero” una especie de Anna Karenina aggiornada a nuestros tiempos y escrita en solo tres días, ¿el autor? PC Writer 2008.
Desde la penumbra de una cálida habitación enclavada en los confines del conurbano bonaerense vuelvo, como si el tiempo y el destino no hubiesen movido sus fichas, a sentarme un rato a prestarle atención al blog. Es un objetivo postergado, primero por la falta de computadora, después por la incomodidad que implican los cybers, más tarde se imponían los posts como pulsiones autobiográficas (de cuarta, convengamos) o reflejos de la realidad (cada vez que habla Kristina algo tengo que sacar); lo cierto es que hacía tiempo que no me sentaba solo frente al blog, a dejar una huella, un símbolo que en el futuro sirva para rastrear en este espacio temporal lo cotidiano y descartable, la rutina olvidable de estos primeros tiempos en esta ciudad.
Esta semana me ha absorbido la exploración literaria. Recorrí largos tramos de la calle Corrientes hurgando mesas de saldos enormes, de esas que reclamaba para Mendoza. ¿Para qué feria del libro en Buenos Aires? deberían llevarla al interior, aquí está lleno de libros. Encontré baratos muchos más volúmenes de los que puedo comprar, pero de cualquier manera me excedí, llevo mucho gastado en libros baratos, cosas que me faltaban (algo de Bioy, de Onetti, de Moravia, de Kipling, de Stevenson). Aunque también compré algunas joyas que en Mendoza no se podían conseguir como Prosa Completa de Alejandra Pizarnik y Prosa Plebeya de Nestor Perlongher, algunas rarezas que quería leer por recomendación como Una novela de mil páginas de David Wapnery Poemas del sin trabajo de Eduardo Mileo. Además Koba, en este post, me tentó con la relectura de La Conjura de los necios de J.K. Toole, libro que leí en un ejemplar viejo y prestado hace mucho, lo conseguí barato en las plazoletas de Palermo, esas que están cerca de La Rural y me lo estoy devorando de nuevo, lo que me obligó a conseguir también La Biblia de Neón que junto con La Conjura…, componen toda la obra de Toole. Hacer esta breve reseña de lo que llevo comprado en estos días me hace preocupar, estoy desempleado y mis reservas monetarias no son precisamente abundantes, pero supongo que son años de asfixia literaria, de pagar contra reembolso y esperar semanas a que lleguen las cosas, de esperar hasta por Sartre. Solo me falta Consideraciones acerca de tutiplenes y otros frutos de marde Luc, con el que espero hacerme en el transcurso de la semana que viene y cierro este ciclo de compras de libros, al menos hasta que empiece a entrar dinero a mi bolsillo. Por si fuera poco ligué de arriba unosCuentos sin Plumas de Woody Allen que vendría a ser una especie de antología de sus cuentos hasta el 91′. Con eso, con lo que me traje y con los libros de Mar, en cualquier momento tengo que desalojar mi PC para poner libros.
Otra de las tareas pendientes es acomodar el blog un poco, hay plugins que dejé de usar, en el perfil deben decir cosas viejas, me falta agregar algunos links a ciertos blogs que en los últimos tiempos he incluido entre mis lecturas cotidianas. Pero son cosas que siempre pospongo por uno u otro motivo. En fin, ya estoy demasiado autorreferencial, mejor comparto un video que me mandaron:
Como dije hace un tiempo, el conflicto con el campo me tiene harto, me hartaron los intransigentes ruralistas y me hartó la verborragia de comité de pueblo, la demagogia barata del peronismo. Probablemente a todo esto hagan referencia los medios, dado que hoy, nuevamente, la presidente, rodeada de patéticos obsecuentes que aplauden las pavadas que dice mientras acomoda por novena vez el par de micrófonos que la circundan, habló del campo, los oligarcas y la redistribución del ingreso, más de lo mismo.
Pero me quedo con el discurso que dio en las oficinas de Google la semana pasada, como una muestra de los papelones que se pueden lograr combinando ignorancia, complejo de inferioridad, soberbia y una manga de asesores más ignorantes que su asesorada. Transcribo el párrafo:
Cualquier persona aficionada a la lectura, que guste de los clásicos españoles, sabe (o puede constatarlo), que el lenguaje de la edición original del Quijote no presenta demasiadas dificultades a un hispanoparlante actual. Si Cristina no leyó el Quijote, está bien, no tiene que hacerlo para ser presidente, no por haber prescindido de la célebre obra es ignorante ni mucho menos. Pero que simule versatilidad en el tema con el único objeto de hacer alarde de un nivel cultural que no tiene hace acordar más a un ex presidente que se jactaba de haber leído novelas de Borges y ensayos de Sócrates, que a la mezcla de Evita y Simone de Beauvoir que en vano pretende ser.
Que Yavé nos ampare. Con todo lo que ello significa.
Entiendo que la estrategia de marketing y expansión infinita de Google incluya cambiar los logos del buscador para adecuarlos a determinadas fechas, de esta manera había uno para el día de la tierra, otro para el día de Navidad, etc; pero me pregunto si era necesario hoy, aniversario del nacimiento de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, profanar una de las obras más maravillosas de la historia del arte como son Las Meninas con un logo tan de mal gusto como este:
En otro orden de cosas, o a modo de aviso parroquial, ya estoy instalado en Moreno, de a poco me acoplo a la rutina de Buenos Aires, pensé que me iban a molestar más los viajes en el Sarmiento y ciertos amontonamientos en hora pico que ocurren en esta ciudad, pero no ha sido así, al contrario, me acoplo sin problemas a las muchedumbres anónimas y silenciosas que impregnan las calles, los vagones o los colectivos, voy entendiendo algunas nostalgias y perplejidades. Ahora voy por el mango diario, más adelante intentaré otra mudanza en función de la rutina que el destino me depare. Mientras tanto dejo aquí mi nuevo número de teléfono: (011) 153 6430572, mientras mantenga mi condición de desempleado con un sms me avisan y en una hora estoy en Once para tomar cafés, comer pizzas, mirar culos, recorrer librerías o atentar contra la paz civil.
Bueno, ya tengo internet, podría ponerme a postear un largo texto que aburriría a la mayoría de los que visitan el blog, así es que les dejo una foto que saqué ayer a la vuelta del MALBA, había un policía en el lugar, pero pidió no salir en la foto. Parece una joda ¿no?