Archivo de Julio 2008El libro más caro del mundo no es un incunable, ni alguna edición original de algún clásico de la literatura universal. Tampoco está impreso en láminas de oro ni nada que se le parezca, no es un volumen de un millón de páginas y ni siquiera es de un autor conocido. Título: “The Task“ El tipo se considera a sí mismo como “el filósofo más grande de todos los tiempos” y atribuye el costo del libro a que, según él, resuelve las tres cuestiones finales más importantes de la humanidad en menos de trescientas frases: ¿De dónde venimos?, ¿a dónde vamos? y ¿cuál es la misión real que todavía está por realizar? Lo presentará en el Art Dubai en marzo por última vez, tras lo cual nunca volverá a estar disponible. Sin embargo, si no pueden asistir al evento, pueden contactar al autor: Contacto: Tomas Alexander Hartmann, Tel.: +49-345-9196299, Móvil: +49-176-81051443, E-Mail: contact@hartmann-investment.ch. Fuente: Finanzas.com Tags: Caro, Curiosidad, Hartmann, libros, Literatura, The TaskCuriosamente y, creo, al contrario de el común de la gente, me parecen maravillosos los lunes, aunque llueva y haga frío, aunque haya que salir con paraguas y recorrer en un colectivo atestado varios kilómetros para una entrevista laboral o un trámite, a pesar de la tristeza lenta que imponen los últimos estertores del domingo. Me encanta levantarme temprano el lunes, a pesar del sueño y el cansancio derivado de un fin de semana ajetreado, es una especie de volver a empezar, toda una semana por delante a estrenar. Siempre lo he visto así, cuando iba a la escuela o a la facultad, cuando tenía que ir a trabajar o rendir algún examen, y en situaciones como las de hoy, en las que la incertidumbre domina el presente y el futuro. Claro que no se trata de un paradigma optimista de libro de autoayuda, para nada, ni siquiera estoy seguro de que se trate de optimismo, es una sensación que solamente se prolonga unas pocas horas de las mañanas de los lunes. ![]() Martes En contraste con esa sensación, odio visceralmente el martes (o su equivalente en los casos de lunes feriados), es un día sin identidad, carece del encanto, de esa energía de los lunes y, en cambio, también obliga a un recorrido largo hasta el fin de semana. Nunca pasa nada los martes, rara vez hay partidos de fútbol decisivos, jamás he conseguido trabajo un martes, nunca llaman para entrevistas laborales un martes, nadie se casa, la T.V. es aburridísima, los blogs casi no postean los martes, nadie manda mails que valgan la pena, no se graban discos los martes y, no estoy seguro, pero me atrvería a decir que es imposible levantar minas los martes. Además, los martes, el esceptisismo suele apoderarse completamente de mi. Si existiese la posibilidad de abolir un día de la semana en particular creo que lo indicado sería optar por el martes. Tags: Divague, escepticismo, fastidio, Martes, tedioUno lo encontró Nicolás González Varela y lo publicó el fantasma Genovese. Corresponde al Boletín Oficial K. más conocido como Página 12. Noticia fugazmente publicada en la madrugada del miércoles, cuando todavía sesionaban los senadores. Pero los gafs de la prensa no son exclusivos de nuestro país. Según NYT el senado el miércoles sesionó en Río. Hallazgo de Andrés, que no tiene blog, pero debería.
(Click en las imágenes para ampliar) Tags: diarios, Imágenes, medios, New York Times, Página 12, políticaSin generalizar, porque las generalizaciones son malas y casi siempre hieren susceptibilidades individuales, creo que a los 17-18-19 años, por circunstancias e historias personales, muchas personas suelen no estar preparadas para hacer una elección tan importante como decidir que hacer una vez que finalizan los estudios secundarios (que ahora no se si se llaman “estudios polimodales” o lo que sea). Tal era mi caso hacia el año 1991 en el que egresé (todavía no se cómo) de la escuela secundaria. Un poco la inercia, otro poco la presunción de que el proceso natural dictaba que después de la secundaria venía la universidad y otro poco el peso que tenía por entonces la opinión paternal sobre mis decisiones, me llevaron a inscribirme, sin demasiado tiempo para reflexionar, sin tests vocacionales y sin demasiada convicción, en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Cuyo. La decisión se basó en argumentos tan triviales como endebles: no me costaban matemática ni contabilidad, mi padre era contador y licenciado en economía (de hecho lo sigue siendo), con lo cual tenía todos los libros en casa, muchos amigos de la secundaria habían elegido esa carrera y se suponía que eran profesiones mejor remuneradas que el resto de las alternativas que había evaluado (Letras, Filosofía, Teatro y año sabático). Ingresé así en 1992, tras un par de exámenes bastante fáciles, a la Facultad de Ciencias Económicas, cuyo plan de estudios contemplaba en esa época un ciclo básico común de un año y medio (tres semestres, o cuatrimestres, o como se llamen) tras lo cual se debía optar por una de las tres alternativas: Licenciatura en Economía, en Administración o Contador Público. Sin mayores inconvenientes pasé las materias del ciclo básico y como a esa altura nada me gustaba demasiado, para hacerme el groso, elegí Economía que era la carrera más analítica, con mayor dosis de matemáticas y estadísticas, y con menos alumnos, lo que nos convertía a los que elegíamos esa opción en una especie de elite. Era la época de auge de la Covertibilidad, la mayoría de los profesores, gurúes diplomados en Chicago, Cambridge, Harvard o, más acá, en el Di Tella o el CEMA, exaltaban con pasión y modelos matemáticos las bondades del nuevo modelo, atribuían males como la inflación y el estatismo a un pasado nefasto y oscuro. Una sola vez un profesor llamado Jorge Day, lo recuerdo perfectamente, en una clase de Economía Monetaria del año 1996, hizo un planteo distinto: “Todo esto es muy lindo, pero me pregunto que va a pasar cuando del exterior se den cuenta del crecimiento exponencial de la deuda pública y nos dejen de prestar dinero para financiar viajes, electrodoméstico, autos y excesos del poder“. El resto nos explicaban las políticas de Cavallo como “lo que se debía hacer” en las economías en vías de desarrollo. Son los mismos que hasta hace unos meses veía en T.V. explicando las bondades del modelo K y que hoy empiezan a cuestionar las retenciones por las dudas. Recuerdo que permanentemente sufríamos deserciones, cada año un puñado de los nuestros se pasaba a la carrera de Administración, de manera que en las últimas materias de la carrera jamás excedíamos las diez personas por curso, el tema era que, a medida que transcurría la carrera, era cada vez más evidente el destino profesional de los alumnos: el sector público, el exterior o la universidad. El resto de nuestros compañeros (de las otras carreras) nos preguntaban: “¿Qué es exactamente lo que hace un economista?”, la misma pregunta que la gente me sigue haciendo hoy cuando expongo mis credenciales, la misma que muchas veces me hago yo. Hacia mediados del año 1999, con dos materias y el trabajo de investigación final pendientes, me di cuenta de que la economía me interesaba menos que siembra de orquídeas, pero no tenía ganas de empezar otra carrera (mucho menos de ponerme a sembrar orquídeas), rendí las dos materias que me quedaban y no fue hasta el 2004 que presenté mi Trabajo de Investigación (mal llamado “Tesis” por muchos). El diploma lo pedí recién en el 2008, antes de venir a Buenos Aires. Muchos de mis compañeros se fueron del país, o de la provincia, a hacer post-grados que les cambiasen el perfil profesional, otros consiguieron curros en el Estado que aún mantienen, otros trabajan en bancos y unos cuantos nos dedicamos al asesoramiento de empresas. En todos los casos debimos aprender desde cero algunas cuestiones y capacitarnos en cosas básicas que ni conocíamos. Hoy que, en otra ciudad, tengo que empezar a hacerme un lugar nuevamente en el mundo laboral, cada vez que armo mi currículum, que redacto una carta de presentación o que hago un inventario de mis talentos y habilidades para alguna entrevista laboral me hago la misma vieja pregunta que nos hacían cuando estudiábamos: ¿A qué exactamente se dedica alguien que estudió economía? Tags: Carrera, economía, Economista, Facultad de Ciencias Económicas, Título, trabajo, universidadFácil solución al Cubo Mágico o Cubo de Rubik (Click para ampliar). Tags: Cubo Mágico, Humor, Imágenes, RubikCuando se tiene mucho, demasiado para decir es difícil empezar, no se sabe por donde, eso dice generalmente la gente. Sin embargo yo encuentro dificultades aún mayores cuando de hecho no hay nada interesante que decir, o cuando lo que se tiene para decir no se puede decir de manera tal que resulte interesante para el resto. Paseos por Buenos Aires, viajes en el ferrocarril Sarmiento, asados y juntadas con amigos, planes, proyectos, angustias, un par de entrevistas laborales, lecturas, tendido de ciertos puentes afectivos, esperas absurdas, ruptura definitiva con algunas costumbres, asistencias a ciertas muestras de arte y reflexiones prescindibles, en eso ha consistido mi vida en las últimas semanas, no hay mucho más para decir. La duración de la situación de conflicto y tensión en que está inmerso el país se ha prolongado demasiado, ha dejado en evidencia la pobreza de los debates intelectuales, des las discusiones políticas e ideológicas, gobierno y campo, a eso se ha limitado toda la discusión, bastante pobre, bastante pocos protagonistas, lo importante, intuyo está en otros lugares. En Pilar por ejemplo:
En casa de mi amigo Andrés no se cosechan pomelos en señal de protesta por las retenciones, docenas de cítricos que nadie comerá yacen en medio de la hierba abonando la tierra. En lo personal el tema es más preocupante aún, estoy en la edad justa en la que soy demasiado viejo para que alguna empresa apueste por mi futuro, me tome como joven profesional para entrenarme y lavrame el cerebro (como hace Mc Donalds por ejemplo), y a la vez soy demasiado joven como para ocupar puestos gerenciales sin referencias. En realidad no me importa demasiado mi “carrera”, yo hago lo que sea, pero no puedo convencer a quienes me entrevista de que no estoy “sobrecalificado” para algunas cosas y de que puedo hacer otras. Como podrán ver nada muy interesante ha pasado, se los dije, debieron hacerme caso antes de empezar a leer este post en sus lectores de feeds, pero si llegaron hasta acá, me tomo el atrevimiento de invitarlos al taller literario resacado: Más información en Resacas. |













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