En Diferido 3

Hace mucho que no paso por acá a dejar al menos algún indicio de que este blog sigue vivo. Me cuesta mucho escribir posts fuera del blog, es decir en Word, y llevarlos en pen drive al cyber. No es que me cueste físicamente, en realidad me cuesta acordarme que escribí algo para el blog. Así es que se me acumularon un montón de cosas, muchas de las cuales quedaron obsoletas, tuve que elegir y descartar. Saqué todo lo referente a la Copa Davis (por razones más que obvias), todo lo que se refiere a fútbol, y algunas notas al paso advirtiendo sobre Cobos. De esto último lo único que tengo para decir es que, siendo anti kirchnerista, no peronista y muy crítico de algunas políticas de este Gobierno, habiendo habitado en la provincia gobernada por Cobos, si hay que elegir, elijo a los Kirchner, es decir: existe una manera de que yo vote a Néstor o a Cristina, si llegan a ir a ballotage con Cobos. Mientras eso no sucede, me cago de risa con la pelea. De cualquier manera creo que el destino inexorable de Cobos es “Patinando por un sueño”.

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Encomiable y digna de ser destacada  la actitud del Gobierno de la Ciudad de encomendar el reemplazo de ciertas veredas a cuadrillas compuestas por retardados mentales. La semana pasada iniciaron las obras en el tramo que va desde la esquina que ocupa el edificio en el que vivo, hasta la panadería, o sea, unos 35 o 40 metros. Claro está que dada su discapacidad, la cuadrilla, compuesta de un número variable de entre 5 y 10 retrasados, el trabajo no está aún concluido y aún faltan, según los cálculos del quiosquero cuervo de abajo, unos 3 o 4 días más; pero nosotros no nos quejamos, no, porque se está haciendo una obra de bien. Si hasta da ternura asomarse por la ventana y verlos a todos los idiotas mirando al único que trabaja pala en mano, formando una ronda a su alrededor, alentándolo con un tartamudeo alegre, pasándose de mano en mano la cerveza. Da ternura verlos proferir al unísono puteadas inentendibles cada vez que un colectivo está a punto de atropellar a alguno porque está tomando su cerveza demasiado lejos de la vereda. Da ternura verlos balbucear en sus medias lenguas, babeando, con saliva seca en las comisuras de los labios, cada vez que pasa una exponente del sexo femenino. Qué me importan los ruidos, los gritos, las puteadas o la tierra que levantan cuando se tiran cascotes, o verlos escupirse entre ellos cuán niños de la primaria, que importa el presupuesto, el dinero gastado en veredas que en lugar de retirarse se muelen a combazos con los que estas almas sufrientes se entretuvieron toda una tarde. No, nada de eso importa, da tanta, tanta ternura que empiezo a entender la razón por la que los vecinos de la Ciudad quieren cada vez más a su Jefe de Gobierno y yo, por supuesto, comienzo a compartir esta simpatía y satisfacción que colma las almas de los porteños. Pero basta de política.

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La semana próxima, me voy a Mendoza unos días a visitar a mi familia, a ajustar algunas cuentas pendientes y al casamiento del Flaco Torres, que sucumbió finalmente ante los encantos femeninos. Voy a aprovechar para robar algunos libros de la biblioteca paterna, para ver televisión, conectarme a internet, tomar vino de damajuana y juntarme a tomar café y fumar con algunos amigos, si alguien está al pedo algún día de la semana que va del 1 al 7 de diciembre que llame o mande sms o pase por Dorrego.

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Paula Pampin, cometió el otro día la indiscreción de recomendarme un libro, Los Invertebrables (Beatriz Viterbo) de Oliverio Coelho (no se asusten, nada que ver con el brasilero, nuestro Coelho escribe más que bien). El libro me gustó mucho, es genial, pueden leer algunas reseñas (aquí y aquí), realmente es muy bueno, lo recomiendo, admite más de una lectura, el despliegue de estilo y el manejo del lenguaje que el autor exhibe es envidiable y logra mantener durante cada una de las páginas un registro y un tono que exige bastante al lector (supongo que más aún al autor), frases y párrafos construidos con cuidado, palabra por palabra, deja la sensación de que esta historia no podría haber sido mejor narrada si no con éste vocabulario casi poético. Vuelvo a repetir que es de lo mejorcito de literatura vernácula que leí últimamente. Por alguna razón cada vez me molesta más gastar dinero en libros que “se leen de un tirón”, por suerte éste no es esa clase de libros. Pero el problema es que el libro es el primero de una trilogía que completan Borneo (Cuenco de Plata) y Promesas Naturales (Norma), y el segundo está agotado, si alguien lo ve, favor de avisar.

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Upgrade: Cuando venía para el cyber vi a una señora que, desde la ventana de un primer piso, retaba a otra cuadrilla de retardados. Estoy cada vez más contento.


Upgrade 2: Esta mañana al revisar mi reader me encuentro con un relato que Luc posteó en su blog, me lo llevo en mi pen drive para leerlo en casa proque es bastante largo, pero quienes no hayan leído todavía los Tutiplenes de Luc no dejen de pasar por el post en cuestión, quienes sí hayan leído su libro van a pasar solitos.


Upgrade 3: También salió 150 Monos número 4 y también llevo el pdf en mi pen drive, siempre recomiendo esta revista y nunca me arrepiento, todavía no leí este número pero el índice promete.


Nota al pie de post: Ayer me pelé, iba a subir una foto que me sacaron durante el corte parcial, en la que aparezco con una cresta punk, pero quedó en la máquina de mi suegra en Moreno, se las debo, además se hizo largo el post.



 

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