Básicamente lo que no entra en otra categoría, anécdotas personales, crónicas de éxitos, fracasos y trivialidades, opiniones descartables y fugaces, quejas y otras yerbas.
Hoy tampoco iba a postear, hace mucho que no lo hago, sin embargo, al levantarme, tarde, me entero por los blogs de varias noticias relevantes de las que me gustaría dejar únicamente constancia aquí:
En el primer mundo los mercados se siguen derrumbando y los estados se siguen sacando las caretas ultraliberales, salvatajes millonarios por todos lados, me pregunto, después de que pase el terror ¿Cómo harán para justficar la no intervención en ciertas áreas sociales”? Si salvaste a brookers y empresas, no podés negarte a combatir la pobreza con fondos públicos. De cualquier manera tranquilos, lo mejor es esperar a ver de cuánto es la caída del consumo en USA entre los días de Acción de Gracias y Navidad para medir el impacto en la economía real, que es la que nos importa a los que no tenemos grandes apuestas en el mercado de capitales. Paciencia, culo y terror.
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Ayer en un subte repleto me encontré $96, fui a la Librería del Marmol, que no la conocía, y compré “En las Alturas” de Thomas Bernhard, libro raro que hacía mucho quería leer. Tenía la esperanza de que me atendiera INX, pero no, me atendió un señor muy amable pero de modales adustos que me intimidaron un poco. Entonces fui hasta Palermo y estuve regateando con algunos vendedores de Plaza Italia hasta que uno me hizo descuento por cantidad y compré un par de libros más. Sobraron unos mangos por las dudas. Gracias Linea D.
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Bueno, por un tiempo no creo poder manetener regularidad en el blog, he intensificado la búsqueda de empleo ampliando un poco las búsquedas más allá de mi profesión (vendedor en librerías, administrativo, etc.). Mariana empezó a trabajar en Puerto Madero y se hace muy difícil seguir viviendo en Moreno por lo que les pido encarecidamente que hagan circular el siguiente rumor:
SE BUSCA DEPARTAMENTO EN CAPITAL FEDERAL, PARA ALQUILAR, NO MUY CARO, PREFERENTEMENTE A NEGOCIAR DIRECTAMENTE CON EL DUEÑO. 2 O 3 AMBIENTES, ESTADO MEDIANAMENTE HABITABLE. ZONAS BUSCADAS: MONSERRAT, SAN CRISTOBAL, CONSTITUCION, ALMAGRO, BOEDO, FLORES, ONCE, CONGRESO, LA BOCA, SAN TELMO, BARRACAS, ABASTO, PARQUE CHACABUCO, CHACARITA. PAGO CASH ANTICIPO Y DEPOSITO, TENGO GARANTÍAS VARIAS.
Eso es todo, hasta la próxima, no creo que vuelva por acá hasta que consigamos departamento.
Algún vivo mintió en un foro, usó mi número y ahora tengo a alguien que me manda sms todo el tiempo convencida de que soy Alejandro Lerner, me pide el número de Montaner y me pregunta si le regalo entradas para el teatro. Seguirle la corriente fue una mala idea, pero no me animo a romperle la ilusión.
¿Indicio de que envejezco?: Mi novia juega en la PC de su madre a algo que involucra bolas de colores y un arma con distintos disparos. Paso cerca, miro y temo que ese juego “le arruine el cerebro” o algo así, sinceramente temo que pase, pienso “con todos los libros que hay en la biblioteca…”. Hasta hace dos años yo tenía play station.
Cada vez se leen menos libros (demanda en picada), cada vez hay más autores que publican (oferta creciente), los precios de los libros aumentan al ritmo del costo del papel, en ese mercado hay una inconsistencia, por eso no me sorprende que los escritores no vivan de escribir libros. En algún momento tiene que explotar la burbuja, ahí estaré husmeando los restos mórbidos en las mesas de saldos.
Empieza el espectáculo:
Es extraño, esos encuentros enigmáticos entre espectros escamotean ese encanto exquisito entre esponsales.
Ella era excelente esposa, estaba empleada en emblemática editorial, él esperaba encontrar empleo en Egipto. Expresaban en escritos espontáneos esa espera estéril. “Empleo: especie en extinción”, escribía él, estaba extremadamente enojado. Engendraban entre ellos etéreos emblemas, estúpidas esperanzas, ecos estériles.
Entonces entró en escena el enano, excéntrico embajador eslovaco. Ella encontró en ese enano el ensueño esperado. En esa épica entrevista en el establo erigieron el engaño. El enano endiablado, efusivo en extremo, eyaculó en éxtasis espumosamente, ella entregó el “espíritu” entre exclamaciones espurias. El escándalo emergió escalonadamente, el enano esgrimía excusas, ella especulaba, él esclareció el engaño. Entonces, estupefacto, emigró espontáneamente. Epílogo: Él, Eduardo, encontró empleo en el estado, exhibe estadísticas económicas en empresas escocesas. Ella, Elena, está en Escobar, edita emails, estudia escribanía, esculpe estatuas. El enano embajador expiró, era epiléptico, esta enterrado en el emplazamiento eslovaco en España.
“EL END”
Para Luc, que alguna vez abolió la E de mi lenguaje y que hizo esto mismo pero con T.
La angustia gana la partida y no puedo seguir escribiendo, las palabras dejan de brotar. Me acerco a la ventana y espío, detrás de esa capa fría de niebla el paisaje lúgubre de la calle se transforma, las cosas pierden consistencia y entidad. El terror flota en el aire que envuelve la casa, está allí, impregnándolo todo, invisible, palpita en cada objeto. No hay que salir, por un tiempo no hay que salir, estamos refugiados, nos quedan provisiones para un par de días y empezamos a dosificar los cigarrillos, no sabemos cuánto puede durar esta vez.
Una mujer flaca y harapienta llora en silencio, tiene la cara tiznada y las lágrimas trazan surcos sobre su rostro. Un hombre se dedica minuciosamente a extraer el tabaco sobrante de las colillas haciéndolas girar bajo la leve presión de sus dedos. Otro, sentado bajo la ventana, mira a la nada acariciando su barba. Todos estamos en silencio.
De un momento a otro puede aparecer, no sabemos bajo que forma, pero tenemos la certeza de que va a venir. Los animales también están expectantes, al principio se expresaban, se movían o hacían ruido, algunos querían salir, ahora están resignados como nosotros, no quieren comer y algunos beben de vez en cuando algo de agua, pero casi todos están acostados en el suelo y no se mueven, hace días que no se mueven.
A muchos de nosotros ha dejado de asistirnos la cordura, si esto no termina pronto es posible que nos matemos unos a otros para devorar nuestras propias entrañas, no es el hambre, no, es el terror. Se que muchos, como yo, piensan en el suicidio redentor, pero no tenemos manera de quitarnos la vida, este lugar carece de alturas, de venenos, de armas de fuego o elementos cortantes, solamente tenemos algo de comida, mucha agua y algunos cigarrillos, no los suficientes.
Finalmente, después de tres días, el cuerpo me traiciona y me duermo casi sin darme cuenta. Al despertar estoy solo en mi cama, los huecos de las cortinas dejan entrar la luz del sol en forma de varillas, el aire huele a jazmines y los pájaros han vuelto a cantar. Mariana me trae un mate y me dice que son las once.
Les pido que imaginen por un momento la situación, es la única manera que encuentro para que se entienda porqué voy a hacer algo que “no se hace”, apelar a la imaginación. Imaginen que buscan trabajo, muchos de ustedes habrán buscado trabajo alguna vez, saben de que hablo cuando digo ansiedad, angustia, esperanza; cuando digo desaliento, zonajobs, dinero. De eso se trata, imaginen, si no lo pasaron nunca es cuestión de tiempo, en algún momento van a necesitar trabajar.
Imaginen ahora un jueves cualquiera de agosto, a esa hora de la tarde en la que es demasiado temprano para dar por terminado el día pero demasiado tarde para empezar a hacer algo. Entonces se sientan con un termo repleto de agua caliente y un mate sin azúcar y se disponen a leer, a terminar esa novela de Palahniuk (o algo así) que empezaron el lunes, porque siempre hay mucho para leer, por suerte, ustedes saben de qué hablo.
Imaginen que suena el teléfono celular con su ringtone preferido, el que tienen configurado para las llamadas entrantes, Shook Me All Nigth LongdeAC/DC(o algo así). El número que muestra el identificador de llamadas es inequívoco: 111111111111, es decir teléfono público. Atienden y una voz nasal pronuncia su nombre, con tono de interrogación. Imaginen un breve intercambio de información que los pone frente a un interlocutor al que aparentemente le interesan sus habilidades profesionales (si es que se les puede llamar “habilidades”), una consultora cuyo nombre, dadas las interferencias propias del sistema de comunicación, no entienden bien. El tipo del otro lado del tubo intenta pactar una cita para el día siguiente, una “entrevista” dice.
Imaginen que algo no les queda claro (por ejemplo el teléfono público, por ejemplo el nombre de la consultora), antes de confirmar su asistencia preguntan de que se trata el trabajo, supongan que nuevamente el interlocutor vacila, imaginen no se entiende muy bien pero inequívocamente pronuncia la palabra Herbalife en el medio de la frase. Muchos de ustedes saben lo que es Herbalife, y si no lo saben es otra vez cuestión de tiempo, tarde o temprano les ofrecerán vender Herbalife.
Herbalife
Imaginen que a ustedes no les interesa andar por la vida vendiendo productos dietéticos, por más que les prometan que se van a hacer millonarios trabajando desde casa, dos horas por día. Lo que ustedes quieren es, precisamente salir de casa, imagínenlo, lo que quieren es trabajar para mudarse a sus propias casas, para eso buscan trabajo. Basta con decirle a la voz nasal que no quieren vender, que ustedes son analistas financieros (o algo así). Imaginen que la voz nasal dice que Herbalife necesita analistas financieros, entonces sí, entonces pactan la cita para el día siguiente (generalmente viernes) a las cuatro de la tarde en Corrientes 1844, 2º”C“.
Imaginen que antes de cortar la voz nasal les pide puntualidad, e imaginen que ustedes, aún con dudas preguntan, por que aún les quedan dudas, el nombre de la voz nasal. Imaginen que el nombre es Víctor, Víctor Cipriani (o algo así).
Para ser sincero no tengo demasiadas cosas para poner acá, me seduce la idea de cerrar el blog, me da pena no usarlo. La dosis diaria de tipeo la estoy empleando en otros ámbitos, menos públicos y menos controvertidos.
Releo el blog al azar, me encuentro con textos y opiniones de las que me avergüenzo, que desearía no haber escrito, hasta me tienta hacer uso de la impunidad que me confiere el acceso al panel de control y borrar algunas cosas, pero nunca borré nada, con excepción de algunos comentarios insultantes o del spam que se filtra. Hace no demasiado tiempo me enojaba con la realidad, absurdo, y lo volcaba aquí, hoy me interesa más teclear estas naderías que opinar sobre la conferencia de prensa de ayer de la Presidenta. Evolución o involución, no se. Me interesan otras cosas, que no creo que interesen demasiado al resto y que no son susceptibles de ser escritas, al menos por mi.
Tuve que elegir entre cerrar este espacio o buscarle la vuelta de rosca, es evidente que se agotó una etapa, se agotó desde el momento en que llegué a Buenos Aires, desde que los problemas pasaron a ser los míos, desde que la prioridad es sobrevivir, el día a día, la angustia y las decepciones que a cualquiera le depara la búsqueda de un destino y la lucha por ganarse un lugar en una ciudad que no es la de uno. Es una etapa de confusión, de transición, de generosas dosis de incertidumbre y mucho desencanto, y no se cómo entra el blog en esta etapa, no se cual es ese giro que debo dar, pero decidí mantenerlo vivo de alguna manera. Y aunque aún no encuentro ese giro, ese nuevo rumbo, decidí cambiar un poco el diseño, como para empezar a hacer algo, como para que no se seque el blog.
Ustedes no me van a creer, pero abrí el panel de posteo del blog para contar sobre un par de libros que leí, sobre un par de autores que encontré, sobre un par de blogs interesantes, sobre lo mal que el ESET Antivirus defiende la PC, y para avisarle a Belo que me gustan Los Redondos para esas ocasiones. Entre otras, por este tipo de cosas es que odio los domingos.
Curiosamente y, creo, al contrario de el común de la gente, me parecen maravillosos los lunes, aunque llueva y haga frío, aunque haya que salir con paraguas y recorrer en un colectivo atestado varios kilómetros para una entrevista laboral o un trámite, a pesar de la tristeza lenta que imponen los últimos estertores del domingo. Me encanta levantarme temprano el lunes, a pesar del sueño y el cansancio derivado de un fin de semana ajetreado, es una especie de volver a empezar, toda una semana por delante a estrenar. Siempre lo he visto así, cuando iba a la escuela o a la facultad, cuando tenía que ir a trabajar o rendir algún examen, y en situaciones como las de hoy, en las que la incertidumbre domina el presente y el futuro. Claro que no se trata de un paradigma optimista de libro de autoayuda, para nada, ni siquiera estoy seguro de que se trate de optimismo, es una sensación que solamente se prolonga unas pocas horas de las mañanas de los lunes.
Martes
En contraste con esa sensación, odio visceralmente el martes (o su equivalente en los casos de lunes feriados), es un día sin identidad, carece del encanto, de esa energía de los lunes y, en cambio, también obliga a un recorrido largo hasta el fin de semana. Nunca pasa nada los martes, rara vez hay partidos de fútbol decisivos, jamás he conseguido trabajo un martes, nunca llaman para entrevistas laborales un martes, nadie se casa, la T.V. es aburridísima, los blogs casi no postean los martes, nadie manda mails que valgan la pena, no se graban discos los martes y, no estoy seguro, pero me atrvería a decir que es imposible levantar minas los martes.
Además, los martes, el esceptisismo suele apoderarse completamente de mi. Si existiese la posibilidad de abolir un día de la semana en particular creo que lo indicado sería optar por el martes.
Sin generalizar, porque las generalizaciones son malas y casi siempre hieren susceptibilidades individuales, creo que a los 17-18-19 años, por circunstancias e historias personales, muchas personas suelen no estar preparadas para hacer una elección tan importante como decidir que hacer una vez que finalizan los estudios secundarios (que ahora no se si se llaman “estudios polimodales” o lo que sea). Tal era mi caso hacia el año 1991 en el que egresé (todavía no se cómo) de la escuela secundaria. Un poco la inercia, otro poco la presunción de que el proceso natural dictaba que después de la secundaria venía la universidad y otro poco el peso que tenía por entonces la opinión paternal sobre mis decisiones, me llevaron a inscribirme, sin demasiado tiempo para reflexionar, sin tests vocacionales y sin demasiada convicción, en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Cuyo. La decisión se basó en argumentos tan triviales como endebles: no me costaban matemática ni contabilidad, mi padre era contador y licenciado en economía (de hecho lo sigue siendo), con lo cual tenía todos los libros en casa, muchos amigos de la secundaria habían elegido esa carrera y se suponía que eran profesiones mejor remuneradas que el resto de las alternativas que había evaluado (Letras, Filosofía, Teatro y año sabático).
FCE
Ingresé así en 1992, tras un par de exámenes bastante fáciles, a la Facultad de Ciencias Económicas, cuyo plan de estudios contemplaba en esa época un ciclo básico común de un año y medio (tres semestres, o cuatrimestres, o como se llamen) tras lo cual se debía optar por una de las tres alternativas: Licenciatura en Economía, en Administración o Contador Público. Sin mayores inconvenientes pasé las materias del ciclo básico y como a esa altura nada me gustaba demasiado, para hacerme el groso, elegí Economía que era la carrera más analítica, con mayor dosis de matemáticas y estadísticas, y con menos alumnos, lo que nos convertía a los que elegíamos esa opción en una especie de elite.
Era la época de auge de la Covertibilidad, la mayoría de los profesores, gurúes diplomados en Chicago, Cambridge, Harvard o, más acá, en el Di Tella o el CEMA, exaltaban con pasión y modelos matemáticos las bondades del nuevo modelo, atribuían males como la inflación y el estatismo a un pasado nefasto y oscuro. Una sola vez un profesor llamado Jorge Day, lo recuerdo perfectamente, en una clase de Economía Monetaria del año 1996, hizo un planteo distinto: “Todo esto es muy lindo, pero me pregunto que va a pasar cuando del exterior se den cuenta del crecimiento exponencial de la deuda pública y nos dejen de prestar dinero para financiar viajes, electrodoméstico, autos y excesos del poder“. El resto nos explicaban las políticas de Cavallo como “lo que se debía hacer” en las economías en vías de desarrollo. Son los mismos que hasta hace unos meses veía en T.V. explicando las bondades del modelo K y que hoy empiezan a cuestionar las retenciones por las dudas.
Recuerdo que permanentemente sufríamos deserciones, cada año un puñado de los nuestros se pasaba a la carrera de Administración, de manera que en las últimas materias de la carrera jamás excedíamos las diez personas por curso, el tema era que, a medida que transcurría la carrera, era cada vez más evidente el destino profesional de los alumnos: el sector público, el exterior o la universidad. El resto de nuestros compañeros (de las otras carreras) nos preguntaban: “¿Qué es exactamente lo que hace un economista?”, la misma pregunta que la gente me sigue haciendo hoy cuando expongo mis credenciales, la misma que muchas veces me hago yo.
Licenciado en Economía
Hacia mediados del año 1999, con dos materias y el trabajo de investigación final pendientes, me di cuenta de que la economía me interesaba menos que siembra de orquídeas, pero no tenía ganas de empezar otra carrera (mucho menos de ponerme a sembrar orquídeas), rendí las dos materias que me quedaban y no fue hasta el 2004 que presenté mi Trabajo de Investigación (mal llamado “Tesis” por muchos). El diploma lo pedí recién en el 2008, antes de venir a Buenos Aires. Muchos de mis compañeros se fueron del país, o de la provincia, a hacer post-grados que les cambiasen el perfil profesional, otros consiguieron curros en el Estado que aún mantienen, otros trabajan en bancos y unos cuantos nos dedicamos al asesoramiento de empresas. En todos los casos debimos aprender desde cero algunas cuestiones y capacitarnos en cosas básicas que ni conocíamos. Hoy que, en otra ciudad, tengo que empezar a hacerme un lugar nuevamente en el mundo laboral, cada vez que armo mi currículum, que redacto una carta de presentación o que hago un inventario de mis talentos y habilidades para alguna entrevista laboral me hago la misma vieja pregunta que nos hacían cuando estudiábamos: ¿A qué exactamente se dedica alguien que estudió economía?
Cuando se tiene mucho, demasiado para decir es difícil empezar, no se sabe por donde, eso dice generalmente la gente. Sin embargo yo encuentro dificultades aún mayores cuando de hecho no hay nada interesante que decir, o cuando lo que se tiene para decir no se puede decir de manera tal que resulte interesante para el resto. Paseos por Buenos Aires, viajes en el ferrocarril Sarmiento, asados y juntadas con amigos, planes, proyectos, angustias, un par de entrevistas laborales, lecturas, tendido de ciertos puentes afectivos, esperas absurdas, ruptura definitiva con algunas costumbres, asistencias a ciertas muestras de arte y reflexiones prescindibles, en eso ha consistido mi vida en las últimas semanas, no hay mucho más para decir.
La duración de la situación de conflicto y tensión en que está inmerso el país se ha prolongado demasiado, ha dejado en evidencia la pobreza de los debates intelectuales, des las discusiones políticas e ideológicas, gobierno y campo, a eso se ha limitado toda la discusión, bastante pobre, bastante pocos protagonistas, lo importante, intuyo está en otros lugares. En Pilar por ejemplo:
En casa de mi amigo Andrés no se cosechan pomelos en señal de protesta por las retenciones, docenas de cítricos que nadie comerá yacen en medio de la hierba abonando la tierra.
En lo personal el tema es más preocupante aún, estoy en la edad justa en la que soy demasiado viejo para que alguna empresa apueste por mi futuro, me tome como joven profesional para entrenarme y lavrame el cerebro (como hace Mc Donalds por ejemplo), y a la vez soy demasiado joven como para ocupar puestos gerenciales sin referencias. En realidad no me importa demasiado mi “carrera”, yo hago lo que sea, pero no puedo convencer a quienes me entrevista de que no estoy “sobrecalificado” para algunas cosas y de que puedo hacer otras.
Como podrán ver nada muy interesante ha pasado, se los dije, debieron hacerme caso antes de empezar a leer este post en sus lectores de feeds, pero si llegaron hasta acá, me tomo el atrevimiento de invitarlos al taller literario resacado:
Ante todo pido disculpas a quienes en las últimas horas intentaron sin éxito entrar al blog, con todo esto de la mudanza me olvidé de pagar el hosting y me suspendieron la cuenta. Así fue que esta mañana temprano, me abrí paso entre la niebla para ir hasta Capital Federal a solucionar el problema y, de paso, a vagar un poco por ahí, a recorrer al azar, solo, sin encontrar a nadie (la misma práctica en Mendoza implica en 10 cuadras pararse a saludar a 5 tipos, 10 cuadras más y se acaba el centro). Desde las oficinas de Nuthost en la Avenida Independencia, tras pagar varios meses por adelantado, tomé por Virrey Ceballos llegué al Circo de la Nación, es decir al Congreso. Vi varias carpas rodeadas todas de una multitud, “que alto grado de militancia” pensé, pero al acercarme noté que la gente hacía cola para comer tortas fritas en la carpa del campo, al lado una carpa montada por la producción de un programa de televisión cobijaba de las ávidas manos de los transeúntes masculinos a la pulposa Pamela David (famosa por lo pavota y por sus tetas de silicona). Me llamó la atención la presencia de pecheras con el logo “MST” y más abajo “Seguridad”. Resulta paradójico, tipos que antes se prendían en cuanto quilombo había, ahora están poniendo orden.
Desde la penumbra de una cálida habitación enclavada en los confines del conurbano bonaerense vuelvo, como si el tiempo y el destino no hubiesen movido sus fichas, a sentarme un rato a prestarle atención al blog. Es un objetivo postergado, primero por la falta de computadora, después por la incomodidad que implican los cybers, más tarde se imponían los posts como pulsiones autobiográficas (de cuarta, convengamos) o reflejos de la realidad (cada vez que habla Kristina algo tengo que sacar); lo cierto es que hacía tiempo que no me sentaba solo frente al blog, a dejar una huella, un símbolo que en el futuro sirva para rastrear en este espacio temporal lo cotidiano y descartable, la rutina olvidable de estos primeros tiempos en esta ciudad.
Esta semana me ha absorbido la exploración literaria. Recorrí largos tramos de la calle Corrientes hurgando mesas de saldos enormes, de esas que reclamaba para Mendoza. ¿Para qué feria del libro en Buenos Aires? deberían llevarla al interior, aquí está lleno de libros. Encontré baratos muchos más volúmenes de los que puedo comprar, pero de cualquier manera me excedí, llevo mucho gastado en libros baratos, cosas que me faltaban (algo de Bioy, de Onetti, de Moravia, de Kipling, de Stevenson). Aunque también compré algunas joyas que en Mendoza no se podían conseguir como Prosa Completa de Alejandra Pizarnik y Prosa Plebeya de Nestor Perlongher, algunas rarezas que quería leer por recomendación como Una novela de mil páginas de David Wapnery Poemas del sin trabajo de Eduardo Mileo. Además Koba, en este post, me tentó con la relectura de La Conjura de los necios de J.K. Toole, libro que leí en un ejemplar viejo y prestado hace mucho, lo conseguí barato en las plazoletas de Palermo, esas que están cerca de La Rural y me lo estoy devorando de nuevo, lo que me obligó a conseguir también La Biblia de Neón que junto con La Conjura…, componen toda la obra de Toole. Hacer esta breve reseña de lo que llevo comprado en estos días me hace preocupar, estoy desempleado y mis reservas monetarias no son precisamente abundantes, pero supongo que son años de asfixia literaria, de pagar contra reembolso y esperar semanas a que lleguen las cosas, de esperar hasta por Sartre. Solo me falta Consideraciones acerca de tutiplenes y otros frutos de marde Luc, con el que espero hacerme en el transcurso de la semana que viene y cierro este ciclo de compras de libros, al menos hasta que empiece a entrar dinero a mi bolsillo. Por si fuera poco ligué de arriba unosCuentos sin Plumas de Woody Allen que vendría a ser una especie de antología de sus cuentos hasta el 91′. Con eso, con lo que me traje y con los libros de Mar, en cualquier momento tengo que desalojar mi PC para poner libros.
Otra de las tareas pendientes es acomodar el blog un poco, hay plugins que dejé de usar, en el perfil deben decir cosas viejas, me falta agregar algunos links a ciertos blogs que en los últimos tiempos he incluido entre mis lecturas cotidianas. Pero son cosas que siempre pospongo por uno u otro motivo. En fin, ya estoy demasiado autorreferencial, mejor comparto un video que me mandaron:
Entiendo que la estrategia de marketing y expansión infinita de Google incluya cambiar los logos del buscador para adecuarlos a determinadas fechas, de esta manera había uno para el día de la tierra, otro para el día de Navidad, etc; pero me pregunto si era necesario hoy, aniversario del nacimiento de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, profanar una de las obras más maravillosas de la historia del arte como son Las Meninas con un logo tan de mal gusto como este:
En otro orden de cosas, o a modo de aviso parroquial, ya estoy instalado en Moreno, de a poco me acoplo a la rutina de Buenos Aires, pensé que me iban a molestar más los viajes en el Sarmiento y ciertos amontonamientos en hora pico que ocurren en esta ciudad, pero no ha sido así, al contrario, me acoplo sin problemas a las muchedumbres anónimas y silenciosas que impregnan las calles, los vagones o los colectivos, voy entendiendo algunas nostalgias y perplejidades. Ahora voy por el mango diario, más adelante intentaré otra mudanza en función de la rutina que el destino me depare. Mientras tanto dejo aquí mi nuevo número de teléfono: (011) 153 6430572, mientras mantenga mi condición de desempleado con un sms me avisan y en una hora estoy en Once para tomar cafés, comer pizzas, mirar culos, recorrer librerías o atentar contra la paz civil.