Ante todo pido disculpas a quienes en las últimas horas intentaron sin éxito entrar al blog, con todo esto de la mudanza me olvidé de pagar el hosting y me suspendieron la cuenta. Así fue que esta mañana temprano, me abrí paso entre la niebla para ir hasta Capital Federal a solucionar el problema y, de paso, a vagar un poco por ahí, a recorrer al azar, solo, sin encontrar a nadie (la misma práctica en Mendoza implica en 10 cuadras pararse a saludar a 5 tipos, 10 cuadras más y se acaba el centro). Desde las oficinas de Nuthost en la Avenida Independencia, tras pagar varios meses por adelantado, tomé por Virrey Ceballos llegué al Circo de la Nación, es decir al Congreso. Vi varias carpas rodeadas todas de una multitud, “que alto grado de militancia” pensé, pero al acercarme noté que la gente hacía cola para comer tortas fritas en la carpa del campo, al lado una carpa montada por la producción de un programa de televisión cobijaba de las ávidas manos de los transeúntes masculinos a la pulposa Pamela David (famosa por lo pavota y por sus tetas de silicona). Me llamó la atención la presencia de pecheras con el logo “MST” y más abajo “Seguridad”. Resulta paradójico, tipos que antes se prendían en cuanto quilombo había, ahora están poniendo orden.
Antes de venir a Buenos Aires me enteré de la presentación del libro de Luc “Consideraciones acerca de Tutiplenes y otros frutos de mar“, editado por Aurelia Rivera Libros. Como yo, varios mendocinos lamentamos que la edición no llegase a esas tierras. Las circunstancias me trajeron aquí y una de las primeras cosas que hice fue hacerme una escapada y buscarlo.
Al pensar en alguna definición sintética para “Consideraciones acerca de Tutiplenes y otros frutos de mar” no se puede dejar de considerar la de Gustavo Nielsen, es una muy buena metáfora: si la literatura es una fiesta, los tutiplenes son el cotillón, el color, la diversión. También se podría hacer un comentario al estilo de Guillermo Piro en prólogo (o antepropósito) del volúmen, utilizando el mismo registro de narración, el mismo tono del libro, pero temo que para eso me falta talento, además, al igual que con la metáfora de la literatura como fiesta, ese recurso ya fue utilizado.
No me queda otro camino, dadas las circunstancias, que hacer mi propio comentario, no sin antes dejar asentado, que no fui, soy, ni seré crítico literario, solamente me gusta mucho leer, y trato hace años de escribir alguna página válida sin éxito por ahora.
Quien, apasionado por los libros haya ido con la literatura más allá del rol pasivo de ávido lector sabe de las dificultades que presenta esta rama del arte, al contrario de lo que a veces parece, hacer literatura no es fácil, el proceso de creación demanda un esfuerzo considerable, una voluntad férrea y sobre todo mucho papel. También es muy dificil hacer humor, y me refiero al humor en serio, al de verdad, no al chiste fácil, a la humorada tosca y forzada, a burlarse del otro. Y más difícil aún es el humor en esta época en la cual todos se empeñan en ser graciosos, los recursos habituales del humor se agotan cada vez más rápido, la ironía atrasa, nada puede sorprender demasiado y las tortas en la cara no hacen reír a nadie. Dadas estas dificultades, ”Consideraciones acerca de Tutiplenes y otros frutos de mar” es un feliz hallazgo, porque supera con creces las expectativas, tanto literarias (al menos mis expectativas literarias) como humorísticas. Como dije no soy crítico literario, poco puedo decir de la literatura pura (y perdón por la rima), sobre la técnica, sólo demando de una obra que esté asentada en un lenguaje lo suficientemente amplio como para reconocer un estilo y lo suficientemente simple como para que las palabras sólo sean un escalón hacia lo verdaderamente importante (la narración, los universos a los que el autor me invita, los paisajes, las situaciones, la perplejidad….), un simple puente intermedio, pero, repito, un puente estéticamente logrado, trabajado, bello; y el libro ofrece eso de punta a punta, desde el diseño de tapa, que brilla por su originalidad, hasta la última palabra utilizada; es un viaje suave, cómodo, que se goza y que además permite disfrutar la esencia misma de los textos. En ese sentido la obra cumple ampliamente y en todo momento mis expectativas. Lo otro es el contenido, la esencia, el corazón mismo y objeto de la obra. Es difícil pensar en libros que me hayan hecho reír, un simple repaso me obliga a mencionar a los cuentos de Woody Allen, los de Dolina, algunos de Fontanarrosa, los cronopios y famas de Cortázar y, a veces, el barroco exagerado de Bustos Domeq. Seguramente un análisis comparativo profundo de estos textos nos llevaría a encontrar un común denominador, lejos estoy yo de poder llevar a cabo dicho análisis, pero intuitivamente puedo decir que hay por lo menos dos factores en el que todos coinciden: la sorpresa y el absurdo (que adopta distintas formas, pero no deja de ser tal). Lo original de cada texto, de cada autor, de cada obra, es la forma en que se llega a sorprender. De estos Tutiplenes, que sin lugar a dudas logran con creces ese cometido final que es la sonrisa, la carcajada, la sorpresa, me llamó la atención el uso de la digresión como recurso para sorprender, para hacer reír para llevarme (a mí, lector) desde un punto de partida x, a uno inimaginable, que por inimaginable sorprende y que por el recorrido que propone divierte. Ejemplo: Partir de He-Man, pasar por Mr. Músculo, para que el perro se termine comiendo a un muñequito. Por otro lado hay textos que, sin perder ese hilo de digresión irónica y aparentemente absurda, se ríen de realidades cotidianas, sobre cosas que de alguna manera nos viven pasando a todos y ¿qué mejor que vernos reflejados en una situación absurda para reírnos?, ¿que más queremos que reírnos de nosotros mismos, aunque sea un ratito? ¿De que sirve reirnos de los demás? Esa propuesta no sería original.
En fin, todo para justificar el concepto: el libro es excelente, cumplió mis expectativas ampliamente (Es inevitable formar expectativas sobre un libro que escribe alguien cuyo blog vengo leyendo hace bastante). Tiene mucho de lo que algunos críticos literarios actualmente valoran, digresión, estilo, fragmentación y un plus, el humor a veces absurdo, a veces irónico. Supongo que hay mas cosas en el libro, intuí un hilo invisible, una esencia que no he podido rescatar, sobre todo en los juegos descabellados que se proponen y en una que otra de las historias que rozan al amor, pero voy a insistir.
En fin, me extendí demasiado creo, pero redondeando: “Consideraciones acerca de Tutiplenes y otros frutos de mar” es uno de los libros que a mi me gusta tener en la biblioteca, para hojear al azar cada tanto, para llevar en los viajes urbanos, para tenerlos en el bolsillo a mano en las tenebrosas salas de espera odontológicas, para leer en voz alta con amigos algún pasaje (en adelante Tutiplen) o para matizar en una tarde de verano en la pileta, es un libro que permite relecturas, me encantó, me hizo reír y me dejó un gusto dulzón en el paladar literario. Ya que Nielsen utilizó la metáfora de la fiesta, voy a utilizar la gastronómica: “Es un libro del que uno se hace habitué, un libro en el que se come muy bien“. Recomiendo conseguirlo, antes de que se agote.
Derechos de autor nulos, costos de edición bajos, best sellers a pedido, plazos de entrega cortos, narraciones orientadas a mercados numerosos, autores propensos a cualquier tipo de sugerencias…. ¿Qué más puede pedir una editorial?
Lo único que le faltaba a la literatura, una pc que escribe novelas. Ya salió “Amor Verdadero” una especie de Anna Karenina aggiornada a nuestros tiempos y escrita en solo tres días, ¿el autor? PC Writer 2008.
Desde la penumbra de una cálida habitación enclavada en los confines del conurbano bonaerense vuelvo, como si el tiempo y el destino no hubiesen movido sus fichas, a sentarme un rato a prestarle atención al blog. Es un objetivo postergado, primero por la falta de computadora, después por la incomodidad que implican los cybers, más tarde se imponían los posts como pulsiones autobiográficas (de cuarta, convengamos) o reflejos de la realidad (cada vez que habla Kristina algo tengo que sacar); lo cierto es que hacía tiempo que no me sentaba solo frente al blog, a dejar una huella, un símbolo que en el futuro sirva para rastrear en este espacio temporal lo cotidiano y descartable, la rutina olvidable de estos primeros tiempos en esta ciudad.
Esta semana me ha absorbido la exploración literaria. Recorrí largos tramos de la calle Corrientes hurgando mesas de saldos enormes, de esas que reclamaba para Mendoza. ¿Para qué feria del libro en Buenos Aires? deberían llevarla al interior, aquí está lleno de libros. Encontré baratos muchos más volúmenes de los que puedo comprar, pero de cualquier manera me excedí, llevo mucho gastado en libros baratos, cosas que me faltaban (algo de Bioy, de Onetti, de Moravia, de Kipling, de Stevenson). Aunque también compré algunas joyas que en Mendoza no se podían conseguir como Prosa Completa de Alejandra Pizarnik y Prosa Plebeya de Nestor Perlongher, algunas rarezas que quería leer por recomendación como Una novela de mil páginas de David Wapnery Poemas del sin trabajo de Eduardo Mileo. Además Koba, en este post, me tentó con la relectura de La Conjura de los necios de J.K. Toole, libro que leí en un ejemplar viejo y prestado hace mucho, lo conseguí barato en las plazoletas de Palermo, esas que están cerca de La Rural y me lo estoy devorando de nuevo, lo que me obligó a conseguir también La Biblia de Neón que junto con La Conjura…, componen toda la obra de Toole. Hacer esta breve reseña de lo que llevo comprado en estos días me hace preocupar, estoy desempleado y mis reservas monetarias no son precisamente abundantes, pero supongo que son años de asfixia literaria, de pagar contra reembolso y esperar semanas a que lleguen las cosas, de esperar hasta por Sartre. Solo me falta Consideraciones acerca de tutiplenes y otros frutos de marde Luc, con el que espero hacerme en el transcurso de la semana que viene y cierro este ciclo de compras de libros, al menos hasta que empiece a entrar dinero a mi bolsillo. Por si fuera poco ligué de arriba unosCuentos sin Plumas de Woody Allen que vendría a ser una especie de antología de sus cuentos hasta el 91′. Con eso, con lo que me traje y con los libros de Mar, en cualquier momento tengo que desalojar mi PC para poner libros.
Otra de las tareas pendientes es acomodar el blog un poco, hay plugins que dejé de usar, en el perfil deben decir cosas viejas, me falta agregar algunos links a ciertos blogs que en los últimos tiempos he incluido entre mis lecturas cotidianas. Pero son cosas que siempre pospongo por uno u otro motivo. En fin, ya estoy demasiado autorreferencial, mejor comparto un video que me mandaron:
Como para exorcizar este frío atardecer de lunes les dejo uno de los fragmentos que me fascina de “Sebregondi Retrocede” (Osvaldo Lamborghini), al que vuelvo una y otra vez.
Un caso tortuoso
-Tanto dolor, ay, en la obviedad de la palabra obvia. Fue ayer un día de pasos transparentes donde a igual sinceridad y en bestial medida cada paso era un reflejo, una despedida, y al quebrarse el vidrio, a cada paso mío, yo quedaba ausente. Fue ayer un día de pasos transparentes. Caminé, compré sin ganas bajo el bronce, una novela rubia expuesta a la Recova de Once como quien ampara en la copa al delincuente, que quiebra el cuello de la mujer, igual que un tallo, en despedida. Fue ayer un día de pasos decadentes. Ayer un día de tanta transparencia para ver que quería hablar y no podía, tocar al pasar y no podía ¡Ayer fue un día!
-Tanto dolor, ay, en la obviedad de la palabra obvia. Hablábanme detrás las voces claras, a mis vulnerables espaldas les cantaban coros de no decir, de enmudecer. Coros de empalidecer, de no fluir, coros de no advertir -en un grado aceptable, transparente- tanto dolor, el ay, en la obviedad de la palabra obvia, obviamente. Por unos pesos de fraude encadenado compré la tal novela bajo el cobre. Y me fui a pasear a tantas millas que hasta pude olvidar las dulces esclavillas, que: en mi fantasía: adorantes me lamían el cáliz, lo hacían fluir y hacia él fluían. Ayer fue un día de pasos no esplendentes.
Al amparo de la copa el delincuente, bajo ese raro/amparo transparente, reflotó los trozos de su carne en mi bebida y yo rocé con los labios esa muerte: después tragué las hilachas cadavéricas, junto con el alcohol embestial medida. Fue ayer un día de soportar la embestida, transparente y al mismo tiempo aparatosa: consistía, ella, en una ráfaga lela, en una avalancha de capullos misteriosos -gacha flora- así como al compás de la novela esa fragilidad bebía transparencia de la copa y, en la carne muerta, bien leía.
Y leí después en letras de oro: “¿Por qué cantas o enmudeces todavía en este coro?” De los ganchos para la carne colgaban rimas (y bien que colgan) y ellas, las rimas, estaban podridas. He aquí -me murmuré- un espejo que no refleja, una vaciedad sin brilio que no asemeja, y he aquí un diálogo con el semejante que no puede seguir, ya, más adelante.
-Tanto dolor, ay, en la obviedad de la palabra obvia. Bajo el bronce, bajo el cobre, en medio de la red tendida por los pasos transparentes, compré por fin esa novela. Eternamente.
Lamborghini, Osvaldo;”Novelas y Cuentos I“;, Editorial Sudamericana NARRATIVAS; Buenos Aires, 2003; p. 42-43.
Para mi amigo Diego que me pidió que le recomiende un libro ágil y entretenido de Bioy.
Bioy Casares narra en una entrevista, que escribió esta novela cuando sintió que comenzaba a envejecer, según cuenta el propio Bioy también en el prólogo del libro, la idea se le ocurrió en el año 1966, la terminó en 1968. Cuando quizo publicar esta obra en algunos países europeos se encontró con que muchos de sus lectores fieles de más de 50 años la rechazaban. Soy un gran admirador de Bioy Casares, me encantan sus historias y su prosa, por ello soy de recomendar mucho sus libros. Cuando, durante una charla casual sobre literatura le recomendé a mi padre El Diario de Guerra del Cerdo me contestó: “Lo empecé a leer y no la pude terminar, ese libro es deprimente“, en ese momento mi padre debe haber rozado los 60 años de edad. Ese rechazo de mi progenitor y de algunos lectores mayores no es casual y no hace más que confirrmar la maestría narrativa de Bioy, que le permite describir perfectamente, con un lenguaje tan elegante como accesible, emociones y percepciones del hombre, al punto de lograr que el lector se identifique y se vea reflejado en sus personajes; al menos en esta novela logra eso.
La novela trata sobre el paso del tiempo, sobre el arribo de la vejez, sobre el efecto de los años en la mente y el cuerpo del ser humano; de ahí que quienes se sienten envejecer se vean reflejados, aunque más no sea inconscientemente, en las páginas de este libro; lo curioso es que muchos rechazan esa idea, ese reflejo, esa identificación precisamente por uno de los síntomas que, implícitamente, describe Bioy: la resistencia a ese cambio. (more…)
La historia de la literatura está plagada de leyendas y hechos misterioso, aunque yo personalmente, no sabría en cual de ellas encuadrar la siguiente historia.
Como todo hecho no documentado, la anécdota ha me ha llegado en diferentes formas y con disimiles estructuras, es decir que existen varias versiones de la misma. El denominador común de todas es el poema Leonainie o Leoneni y su dudosa procedencia.
La primera de esas versiones la encontré en uno de esos libros inclasificables y maravillosos de raras antologías llamado NOVELAS Y POESIAS de Edgar Allan Poe, publicado por la Editorial Claridad en 1971. Lo primero que me llamó la atención del libro fue su titulo, dado que Edgar Allan Poe escribió solo un relato en formato novela que es “La Narración de Arthur Gordon Pym“-que en el mencionado libro ocupa más de la mitad de sus páginas-, el resto son cuentos, aunque probablemente el editor del volumen haya querido publicar como novelas algunos cuentos largos, como “Los crímenes de la Calle Morgue” o “El escarabajo de Oro“. En la segunda parte, que consta de relativamente pocas páginas, se reproducen algunas de las maravillosas poesías de Poe en versiones seleccionadas de diferentes traductores. La mencionada poesía aparece en la última página con una nota al pie que refiere sucintamente la siguiente historia: (more…)
Se lee poco, cada vez menos. La proliferación de medios, la multiplicación de la oferta de actividades alternativas a la hora de pensar en qué hacer con el tiempo libre, la disminución del mismo, internet, la Play Station y otros avatares de la vida moderna son sin dudas factores que contribuyen a reafirmar el fenómeno, que sin embargo, intuyo, tiene causas más profundas, por lo menos en la Argentina.
Sobre la calidad de lo que se lee no voy a opinar, los gustos tienen fundamentos subjetivos, por lo que, desde el punto de vista estético, no se puede juzgar a priori las preferencias literarias de la mayoría (aunque tampoco es un dato relevante). Si gustan tanto Harry Potter, El Código Da Vinci y los cuentitos de Paulo Cohelo por algo será, yo prefiero otras cosas. Lo que si me gustaría saber es que leen ustedes, los que pasan por aquí. Les pido, si tienen un tiempito, que respondan en los comentarios, aunque sea la primera y última vez que visitan este blog. ¿Que están leyendo?
PD: Sobre el género preferido, en el costado hay una encuesta que pueden responder.
En un brevísimo resumen biográfico de Samuel Beckett podría decirse que nació en Dublin, Irlanda, el 13 de Abril de 1906. En 1927, tras culminar sus estudios, se fue a París a trabajar como profesor y allí trabó amistad con el gran James Joyce. Tras algunos ensayos críticos y distintas actividades por distintos países de Europa, se instala en Francia en 1945 y empieza a construir una de las obras más admirables de la literatura del siglo XX, en ella se destacan las obras de teatro Esperando a Godot (1952) y Fin de Partida (1957) las novelas Molloy (1951), Malone Muere (1951) y El Innombrable (1953), poesías, cuentos, ensayos y muchas otras obras teatrales y novelas geniales. En 1969 gana el Premio Nobel de Literatura, 20 años después, el 22 de diciembre de 1989, uno de los autores más extraordinarios de la literatura universal muere en París.
En la vasta obra literaria de Beckett la narrativa breve no está ausente, y no tiene nada que envidiarle a los mejores cuentistas de la historia de la literatura. Editorial Tusquets ha reunido, hace no mucho tiempo, todos estos relatos cortos, ordenados cronológicamente, en un libro. Los cuentos de Beckett son ideales para introducirse en su obra, recomiendo, a quien no lo haya hecho, emprender su lectura, que garantiza placer y fascinación.
Empecé esta novela, que cayó de casualidad en mis manos esta semana, con cierto grado de apatía e indiferencia, no soy muy adepto a la literatura norteamericana de finales del siglo XX y principios de XXI. Debo reconocer que Cormac McCarthy me sorprendió, logró desbaratar mi prejuicio basado en una generalización estúpida y miope
La Carreteraes la novela ganadora del Pulitzer 2007 a la mejor ficción. Mucho se ha dicho ya de este libro, por lo que es difícil dejar constancia de la impresión que me causó sin caer en lugares comunes. Noto una tendencia casi unánime de los lectores (la crítica que más me gusta) a clasificar la novela de “post-apocalíptica“, yo creo que más bien es apocalíptica, el mundo está en pleno proceso de cese de cualquier actividad vital sobre su faz. La extinción de la raza humana es inminente, está llegando a su destino final la especie, un destino ya vaticinado por algunos profetas. En medio de ese apocalipsis que opera sobre el mundo, un hombre y su hijo caminan por una carretera hacia el sur (¿de U.S.A.?), huyendo del frío, pero sin saber bien a que lugar específico dirigirse, sólo saben que deben ir al sur. La novela empieza y termina en la carretera, no se llega a conocer del todo el pasado de los personajes, pero tampoco importa demasiado. Padre e hijo fatigan carretera empujando un changuito de supermercados cargado con despojos de lo que fue el mundo, que sirven como instrumentos para la supervivencia. El escenario es desgarrador, pueblos abandonados, paisajes desolados sembrados de cadáveres y cenizas, y el peligro constante de encontrar a otros supervivientes que son, paradójicamente, la peor de las amenazas. Los recuerdos del padre sobre un pasado que por contraste parece el paraíso, los miedos del niño, los diálogos, las adversidades, la enfermedad, el frío y la muerte acechando, son todos matices que se combinan en el relato. Nietzche alguna vez se preguntó “¿Es posible que el hombre sea tan sólo un yerro de Dios? ¿O Dios tan sólo un yerro del hombre?“, el padre parece encontrar la respuesta afirmativa a la segunda opción y ello produce un vacío inconmensurable, sobre todo por el destino de su hijo.
La novela parece estar escrita para ser adaptada al cine, es fácil de leer, está construidas por frases cortas y muy concisas que a su vez erigen pequeños párrafos, escenas muy expresivas y fragmentarias de la desolación y el sufrimiento de esos dos seres indefensos.
Muchos ven en La Carretera una alegoría a los peligros actuales de la humanidad, una metáfora de la autodestrucción que lleva a cabo la raza humana o una revelación profética y actualizada de los pormenores de un apocalípsis probable. Muchos otros ven un mensaje ambientalista, de advertencia sobre los peligros de los ensayos nucleares y el envilecimiento del medio ambiente. Se pueden hacer múltiples lecturas, a mi me pareció una historia del amor de un padre por su hijo, una historia de amor, que renuncia al patetismo y se construye sobre el peor de los escenarios posibles: la muerte, la desesperanza, la nada, el no futuro. Claro que apela a las emociones, pero no desde el golpe bajo.
Me sorprendió también que la historia supere las barreras idomáticas conservando toda la fuerza poética y emocional, algo que habla bien de la narración y del talento del autor, claro que también del traductor. La descripción de los paisajes devastados y ruinosos es excelente y minuciosa sin quitarle agilidad al relato. La novela atrapa, se lee de un tirón y puede que, como a mi, emocione al lector en ciertos pasajes. A pesar de la densidad del lenguaje es accesible para cualquier tipo de público, sin perder calidad por ello. No es un libro de esos que obligan a pensar y a reflexionar, repito, busca aguijonear en las emociones y por momentos lo logra. La recomiendo.
En Argentina la edición es de Mondadori, está pésimamente encuadernada (al menos el ejemplar que recaló en la biblioteca de casa) y sale $32. ISBN 978987939772.
Hace unos días mencionaba las carencias que aún tiene mi biblioteca personal. Daba cuenta de un par de libros de Osvaldo Lamborghini (”Poemas 1969-1985″ y “Novelas y Cuentos II”). Para algo sirvió aquel post: alguien se apiadó y me facilitó la compra vía internet de ambos volúmenes imprescindibles como regalo navideño.
La historia de cómo llegué a Lamborghini por medio de un amigo de mi padre y unas viejas fotocopias (que en su momento deben haber pecado de clandestinidad), así como la curiosa historia de las publicaciones originales del escritor son dignas de mención, pero no aquí. La primera en algún momento la contaré, la segunda pueden leerla en cualquier lugar con solo googlear “Osvaldo Lamborghini”. Este post es sólo un llamado a la solidaridad.
En el 2003 (o a partir del 2003, no se bien) Sudamericana publicó los dos libros mencionados, Tadeys (cuyo título verdadero es Vomir) y obviamente “Novelas y Cuentos I“, primer tomo de la narrativa. Curiosamente en los catálogos de las librerías y en el de la misma editorial están todos los libros menos este último. Yo lo tuve entre mis manos hace dos años y decidí (estúpidamente) postergar la compra. Ahora no lo consigo.
Es raro, algunas librerías lo anuncian y cuando hago el pedido me niegan su existencia (se disculpan y ofrecen otras cosas), parece haber stock en Amazon pero a precios bastante altos.
Si algún inernauta avispado lo encuentra en algún sitio, que me avise; si algún residente de Capital Federal (o de ciudades con más librerías que Mendoza) lo ve, no dude en comprarlo y enviármelo (pago el doble de lo que gasten, el envío y mando vino o lo que quieran) o en reservarlo en la librería y avisarme; por último si alguien tiene el libro y no lo usa póngale precio. Recompenso a quien lo encuentre, la portada luce como en la foto de arriba (click en la imagen para ampliar).
Desde ya muchas gracias.
PD: Provisoriamente acepto versiones digitales de “Las hijas de Hegel”, “Sebregondi retrocede”, “Sebregondi se excede”, “Neibis”, etc.
Haciendo un pequeño balance anual, mi biblioteca, repartida entre casa paterna y departamento de Mar, acusa este año unos 60 nuevos ejemplares, todos comprados con esfuerzo, seleccionados en escaparates de librerías de viejo, o, sin otra alternativa, en sitios de internet o estanterías y mesas de Yenny. Hacer cálculos monetarios de nada serviría, no puedo quejarme, creo haber elegido bien (salvo por un par de libros cuyas ediciones ochentosas se escondían en la biblioteca de mi padre y compré por no haber buscado bien), si se concreta mi exilio el año entrante, ya en un lugar en que no cuesta tanto conseguir libros, veré que se compra. Pero lo importante es que no me quedé con demasiados pendientes, solamente dos libros, que no compré por no conseguirlos en Mendoza:
De Lamborghinitengo sólo Tadeys (cuya edición de Sudamericana, no respeta siquiera el orden original, y creo haber leído por ahí que tampoco ese es el título que le dio el autor), y he leído mucho pero suelto, fragmentado y prestado, es a mi criterio uno de los autores emblemáticos del S. XX, genial (quizás el último genial argentino), por eso me gustaría tener sus obras, para leer y releer. Es inverosímil el hecho de no poder conseguir estos libros en Mendoza (quinta ciudad del país), son ediciones 2004 y 2005. Mi cuota de sobreprecios por contra-reembolso se agotó, si alguien quiere quedar bien conmigo para estas fiestas (aunque no veo porqué alguien querría tal cosa), aquí les dejo los datos para comprar: