Haciendo un pequeño balance anual, mi biblioteca, repartida entre casa paterna y departamento de Mar, acusa este año unos 60 nuevos ejemplares, todos comprados con esfuerzo, seleccionados en escaparates de librerías de viejo, o, sin otra alternativa, en sitios de internet o estanterías y mesas de Yenny. Hacer cálculos monetarios de nada serviría, no puedo
