El jueves a la madrugada, después de atiborrar mi organismo de comida y vino, de reafirmar lazos afectivos mediante el extraño rito del brindis puntual, de abrir los regalos, de mirar los fuegos artificiales y de sostener una charla errática y de dudosa coherencia con Mar y Sami, me fui a acostar pensando en mis
