Si trazamos una línea que contenga a todas las tecnologías y sitios que constituyen el fenómeno llamado Web 2.0, podríamos poner en un extremo al sintético Twitter, cuyo límite de 140 caracteres, sin imágenes, videos o sonidos, representa la máxima expresión del reduccionismo y la simplifcación exagerada que los ajetreados tiempos modernos parecen reclamar en
