Hace un tiempo no muy largo, con mi amigo Andrés tratábamos de comprender el fenómeno que implica la Argentina, pero desde un punto de vista despojado de coyunturas transitorias, de dirigentes e ideologÃas dominantes circunstancialmente, eso a lo que se le dice visión-de-largo-plazo, siempre difÃcil de percibir para quienes vivimos el dÃa a dÃa. Mi teorÃa era que no habÃa demasiadas chances de escapar a un progresivo deterioro social, institucional y económico, la de mi amigo, más optimista e intuyo que más acertada, consistÃa en equiparar a la Argentina a un adolescente: una sociedad que reclamaba para si todos los beneficios de un paÃs desarrollado (una clase polÃtica apta y honesta, crecimiento económico equitativo, movilidad social ascendente, igualdad de oportunidades, educación pública y de calidad, etc.), pero que, en contraste, no estaba dispuesta a asumir los costos que implicaba el tránsito hacia esa sociedad más justa (respeto a las instituciones, responsabilidad en el ejercicio de nuestros derechos, acatamiento de las leyes, etc.). La actual coyuntura de conflicto que reina en forma circunstancial en el paÃs me hace reafirmar la admiración por la oportuna y lúcida analogÃa, Argentina es un adolescente, una sociedad con actitudes infantiles. Uno de los rasgos caracterÃsticos de una mente inmadura consiste en aplicar cierta simplificación absurda a hechos e ideas, clasificándolos como bienes o males absolutos dependiendo si convienen o no a la forma de pensar y ver la vida del individuo o simplemente a sus intereses económicos o intelectuales. Un individuo (o en este caso una sociedad o sector social) que actúa de esta manera tiende a convalidar algunos hechos e ideas y a descalificar terminantemente otros, sin considerar en profundidad cada una de las categorÃas. Esta especie de fundamentalismo ha llevado a que en Argentina se hayan creado antagonismos y rivalidades históricas, algunas de las cuales tienen cierto aspecto folklórico que a veces resulta simpático, pero que otras veces nos han dificultado el desarrollo: Boca-River, Ford y Chevrolet, Menotistas y Bilardistas, Florida y Boedo, Unitarios y Federales, BurguesÃa y Proletariado, Peronistas y Gorilas, Tinelli y Pergolini y mil discrepancias más han sido engendradas en el seno de nuestra comunidad a lo largo de la historia.

El actual contexto plantea una nueva versión de esta especie de dicotomÃa eterna que necesitamos los argentinos (me incluyo) para ser tales: Campo versus Gobierno, y hace a su vez resurgir muchas de las viejas “rivalidades” que tanta sangre derramaron. Lo preocupante del caso no es el maniqueo al que se intenta someter desde distintos sectores a la población, si no que efectivamente la población se va dividiendo, va tomando partido y va adhiriendo a ciertas “verdades a medias”. De un lado está el gobierno kirchnerista con un planteo que consiste en descalificar a todo aquel que se atreva a cuestionar, no ya las retenciones, sino cualquier actitud o medida que emane desde los órganos oficiales, de esta manera o se está a con el gobierno o se es golpista, oligarca, opresor, imperialista, facista, gorila e hipócrita; a esta teorÃa adhieren además muchos sectores autodenominados “intelectuales” del cual forman parte varios periodistas, pensadores, organizaciones que se atribuyen la representación de “sectores populares” (hoy por hoy menos populares que Garré en el 86′), y otros otros varios dependientes directos o indirectos del presupuesto público, todos progresistas en la retórica, o sea de la boca para afuera. Del otro lado tenemos a sectores rurales del interior del paÃs y clases medias de varios centros urbanos pidiendo la eliminación total de algunos impuestos, subsidios permanentes y hasta la renuncia de la Presidente de la Nación (algo totalmente descabellado), aquà confluyen algunos representantes de ciertos grupos económicos concentradores de riqueza, otra buena cantidad de periodistas devotos de los apocalÃpsis nacionales y vastos sectores de la sociedad que pretenden sacar partido del un asunto que no les interesa para revertir los resultados de las últimas elecciones democráticas. En el medio el descarte, o sea el 80% de la población.

A sà planteada la situación uno se ve obligado a arriesgarse, bien a ser golpista, oligarca y facista,o bien a ser funcionales a la arbitrariedad del kirchnerismo.
Particularmente creo que las retenciones deben existir y en cada producto deben ser especÃficas (no móviles), que se debe desalentar la producción de soja, para eludir el monocultivo y que es mejor bajar impuestos que subsidiar. Pero tampoco me creo lo de la redistribución, el dinero de las retenciones no se coparticipa, va a “Fondos Reservados” o al reparto discrecional entre intendentes y gobernadores con distinto grado de afinidad kirchnerista. De esta manera la redistribución no alienta la igualdad si no la hegemonÃa kirchnerista. No creo que esto sea el 2001, me opongo firmemente a todos aquellos que piden la renuncia de la Presidente, y repudio a los pocos imbéciles que piden “que vuelva Videla”. Pero tampoco creo que los productores que están en las rutas sean oligarcas, ni creo que los que salieron a las calles la semana pasada tengan “las cacerolas llenas de soja”, mucho menos creo que D’ElÃa o Moyano representen a alguien más que no sean las patotas parapoliciales financiadas por nuestros impuestos y promovidas por los Fernandez y los Kirchner.
Mi inquietud es: ¿Adonde me deja esto? ¿Soy oligarca, represor, golpista y facista? ¿mis cacerolas (que dicho sea de paso nunca saqué, ni ahora, ni en el 2001) estarán llenas de soja? ¿Debo temer a D’ElÃa? ¿o como soy morocho y no vivo en Barrio Norte zafo de su”odio visceral“?; ¿o más bien soy funcional a kirchnerismo? ¿o soy egoÃsta con el campo por que estoy harto de la prepotencia que implica cortar rutas de libre circulación?….
Es insoportable que Cristina me adoctrine desde su púlpito falso mientras Néstor gobierna, pero también quiero comerme un bife y que mi novia (que está en Buenos Aires) vuelva por las rutas que están construidas para circular y no como vidriera de las protestas. Estoy harto de que se me simplifique, de que se me reduzca a militante por tal o cual causa, déjenme de romper las pelotas, por favor.
Nota: La foto se la afané a Todos Gronchos, que dicho sea de paso hoy tuvo un post genial.
Tags: Antagonismo, Cacerolas, Gobierno, Kirchner, Maniqueo, polÃtica, Protestas, Sociedad
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Somos unos boludos, nos merecemos esto y mucho más…
Saludos!
(La foto a su vez, me la afané de algún lugar, su calificativo hacia mi post es excesivo. Lo sabemos ambos.)