Ante todo pido disculpas a quienes en las últimas horas intentaron sin éxito entrar al blog, con todo esto de la mudanza me olvidé de pagar el hosting y me suspendieron la cuenta. Así fue que esta mañana temprano, me abrí paso entre la niebla para ir hasta Capital Federal a solucionar el problema y, de paso, a vagar un poco por ahí, a recorrer al azar, solo, sin encontrar a nadie (la misma práctica en Mendoza implica en 10 cuadras pararse a saludar a 5 tipos, 10 cuadras más y se acaba el centro). Desde las oficinas de Nuthost en la Avenida Independencia, tras pagar varios meses por adelantado, tomé por Virrey Ceballos llegué al Circo de la Nación, es decir al Congreso. Vi varias carpas rodeadas todas de una multitud, “que alto grado de militancia” pensé, pero al acercarme noté que la gente hacía cola para comer tortas fritas en la carpa del campo, al lado una carpa montada por la producción de un programa de televisión cobijaba de las ávidas manos de los transeúntes masculinos a la pulposa Pamela David (famosa por lo pavota y por sus tetas de silicona). Me llamó la atención la presencia de pecheras con el logo “MST” y más abajo “Seguridad”. Resulta paradójico, tipos que antes se prendían en cuanto quilombo había, ahora están poniendo orden.
Antes de venir a Buenos Aires me enteré de la presentación del libro de Luc “Consideraciones acerca de Tutiplenes y otros frutos de mar“, editado por Aurelia Rivera Libros. Como yo, varios mendocinos lamentamos que la edición no llegase a esas tierras. Las circunstancias me trajeron aquí y una de las primeras cosas que hice fue hacerme una escapada y buscarlo.
Al pensar en alguna definición sintética para “Consideraciones acerca de Tutiplenes y otros frutos de mar” no se puede dejar de considerar la de Gustavo Nielsen, es una muy buena metáfora: si la literatura es una fiesta, los tutiplenes son el cotillón, el color, la diversión. También se podría hacer un comentario al estilo de Guillermo Piro en prólogo (o antepropósito) del volúmen, utilizando el mismo registro de narración, el mismo tono del libro, pero temo que para eso me falta talento, además, al igual que con la metáfora de la literatura como fiesta, ese recurso ya fue utilizado.
No me queda otro camino, dadas las circunstancias, que hacer mi propio comentario, no sin antes dejar asentado, que no fui, soy, ni seré crítico literario, solamente me gusta mucho leer, y trato hace años de escribir alguna página válida sin éxito por ahora.
Quien, apasionado por los libros haya ido con la literatura más allá del rol pasivo de ávido lector sabe de las dificultades que presenta esta rama del arte, al contrario de lo que a veces parece, hacer literatura no es fácil, el proceso de creación demanda un esfuerzo considerable, una voluntad férrea y sobre todo mucho papel. También es muy dificil hacer humor, y me refiero al humor en serio, al de verdad, no al chiste fácil, a la humorada tosca y forzada, a burlarse del otro. Y más difícil aún es el humor en esta época en la cual todos se empeñan en ser graciosos, los recursos habituales del humor se agotan cada vez más rápido, la ironía atrasa, nada puede sorprender demasiado y las tortas en la cara no hacen reír a nadie. Dadas estas dificultades, ”Consideraciones acerca de Tutiplenes y otros frutos de mar” es un feliz hallazgo, porque supera con creces las expectativas, tanto literarias (al menos mis expectativas literarias) como humorísticas. Como dije no soy crítico literario, poco puedo decir de la literatura pura (y perdón por la rima), sobre la técnica, sólo demando de una obra que esté asentada en un lenguaje lo suficientemente amplio como para reconocer un estilo y lo suficientemente simple como para que las palabras sólo sean un escalón hacia lo verdaderamente importante (la narración, los universos a los que el autor me invita, los paisajes, las situaciones, la perplejidad….), un simple puente intermedio, pero, repito, un puente estéticamente logrado, trabajado, bello; y el libro ofrece eso de punta a punta, desde el diseño de tapa, que brilla por su originalidad, hasta la última palabra utilizada; es un viaje suave, cómodo, que se goza y que además permite disfrutar la esencia misma de los textos. En ese sentido la obra cumple ampliamente y en todo momento mis expectativas. Lo otro es el contenido, la esencia, el corazón mismo y objeto de la obra. Es difícil pensar en libros que me hayan hecho reír, un simple repaso me obliga a mencionar a los cuentos de Woody Allen, los de Dolina, algunos de Fontanarrosa, los cronopios y famas de Cortázar y, a veces, el barroco exagerado de Bustos Domeq. Seguramente un análisis comparativo profundo de estos textos nos llevaría a encontrar un común denominador, lejos estoy yo de poder llevar a cabo dicho análisis, pero intuitivamente puedo decir que hay por lo menos dos factores en el que todos coinciden: la sorpresa y el absurdo (que adopta distintas formas, pero no deja de ser tal). Lo original de cada texto, de cada autor, de cada obra, es la forma en que se llega a sorprender. De estos Tutiplenes, que sin lugar a dudas logran con creces ese cometido final que es la sonrisa, la carcajada, la sorpresa, me llamó la atención el uso de la digresión como recurso para sorprender, para hacer reír para llevarme (a mí, lector) desde un punto de partida x, a uno inimaginable, que por inimaginable sorprende y que por el recorrido que propone divierte. Ejemplo: Partir de He-Man, pasar por Mr. Músculo, para que el perro se termine comiendo a un muñequito. Por otro lado hay textos que, sin perder ese hilo de digresión irónica y aparentemente absurda, se ríen de realidades cotidianas, sobre cosas que de alguna manera nos viven pasando a todos y ¿qué mejor que vernos reflejados en una situación absurda para reírnos?, ¿que más queremos que reírnos de nosotros mismos, aunque sea un ratito? ¿De que sirve reirnos de los demás? Esa propuesta no sería original.
En fin, todo para justificar el concepto: el libro es excelente, cumplió mis expectativas ampliamente (Es inevitable formar expectativas sobre un libro que escribe alguien cuyo blog vengo leyendo hace bastante). Tiene mucho de lo que algunos críticos literarios actualmente valoran, digresión, estilo, fragmentación y un plus, el humor a veces absurdo, a veces irónico. Supongo que hay mas cosas en el libro, intuí un hilo invisible, una esencia que no he podido rescatar, sobre todo en los juegos descabellados que se proponen y en una que otra de las historias que rozan al amor, pero voy a insistir.
En fin, me extendí demasiado creo, pero redondeando: “Consideraciones acerca de Tutiplenes y otros frutos de mar” es uno de los libros que a mi me gusta tener en la biblioteca, para hojear al azar cada tanto, para llevar en los viajes urbanos, para tenerlos en el bolsillo a mano en las tenebrosas salas de espera odontológicas, para leer en voz alta con amigos algún pasaje (en adelante Tutiplen) o para matizar en una tarde de verano en la pileta, es un libro que permite relecturas, me encantó, me hizo reír y me dejó un gusto dulzón en el paladar literario. Ya que Nielsen utilizó la metáfora de la fiesta, voy a utilizar la gastronómica: “Es un libro del que uno se hace habitué, un libro en el que se come muy bien“. Recomiendo conseguirlo, antes de que se agote.
Derechos de autor nulos, costos de edición bajos, best sellers a pedido, plazos de entrega cortos, narraciones orientadas a mercados numerosos, autores propensos a cualquier tipo de sugerencias…. ¿Qué más puede pedir una editorial?
Lo único que le faltaba a la literatura, una pc que escribe novelas. Ya salió “Amor Verdadero” una especie de Anna Karenina aggiornada a nuestros tiempos y escrita en solo tres días, ¿el autor? PC Writer 2008.
Desde la penumbra de una cálida habitación enclavada en los confines del conurbano bonaerense vuelvo, como si el tiempo y el destino no hubiesen movido sus fichas, a sentarme un rato a prestarle atención al blog. Es un objetivo postergado, primero por la falta de computadora, después por la incomodidad que implican los cybers, más tarde se imponían los posts como pulsiones autobiográficas (de cuarta, convengamos) o reflejos de la realidad (cada vez que habla Kristina algo tengo que sacar); lo cierto es que hacía tiempo que no me sentaba solo frente al blog, a dejar una huella, un símbolo que en el futuro sirva para rastrear en este espacio temporal lo cotidiano y descartable, la rutina olvidable de estos primeros tiempos en esta ciudad.
Esta semana me ha absorbido la exploración literaria. Recorrí largos tramos de la calle Corrientes hurgando mesas de saldos enormes, de esas que reclamaba para Mendoza. ¿Para qué feria del libro en Buenos Aires? deberían llevarla al interior, aquí está lleno de libros. Encontré baratos muchos más volúmenes de los que puedo comprar, pero de cualquier manera me excedí, llevo mucho gastado en libros baratos, cosas que me faltaban (algo de Bioy, de Onetti, de Moravia, de Kipling, de Stevenson). Aunque también compré algunas joyas que en Mendoza no se podían conseguir como Prosa Completa de Alejandra Pizarnik y Prosa Plebeya de Nestor Perlongher, algunas rarezas que quería leer por recomendación como Una novela de mil páginas de David Wapnery Poemas del sin trabajo de Eduardo Mileo. Además Koba, en este post, me tentó con la relectura de La Conjura de los necios de J.K. Toole, libro que leí en un ejemplar viejo y prestado hace mucho, lo conseguí barato en las plazoletas de Palermo, esas que están cerca de La Rural y me lo estoy devorando de nuevo, lo que me obligó a conseguir también La Biblia de Neón que junto con La Conjura…, componen toda la obra de Toole. Hacer esta breve reseña de lo que llevo comprado en estos días me hace preocupar, estoy desempleado y mis reservas monetarias no son precisamente abundantes, pero supongo que son años de asfixia literaria, de pagar contra reembolso y esperar semanas a que lleguen las cosas, de esperar hasta por Sartre. Solo me falta Consideraciones acerca de tutiplenes y otros frutos de marde Luc, con el que espero hacerme en el transcurso de la semana que viene y cierro este ciclo de compras de libros, al menos hasta que empiece a entrar dinero a mi bolsillo. Por si fuera poco ligué de arriba unosCuentos sin Plumas de Woody Allen que vendría a ser una especie de antología de sus cuentos hasta el 91′. Con eso, con lo que me traje y con los libros de Mar, en cualquier momento tengo que desalojar mi PC para poner libros.
Otra de las tareas pendientes es acomodar el blog un poco, hay plugins que dejé de usar, en el perfil deben decir cosas viejas, me falta agregar algunos links a ciertos blogs que en los últimos tiempos he incluido entre mis lecturas cotidianas. Pero son cosas que siempre pospongo por uno u otro motivo. En fin, ya estoy demasiado autorreferencial, mejor comparto un video que me mandaron:
Como dije hace un tiempo, el conflicto con el campo me tiene harto, me hartaron los intransigentes ruralistas y me hartó la verborragia de comité de pueblo, la demagogia barata del peronismo. Probablemente a todo esto hagan referencia los medios, dado que hoy, nuevamente, la presidente, rodeada de patéticos obsecuentes que aplauden las pavadas que dice mientras acomoda por novena vez el par de micrófonos que la circundan, habló del campo, los oligarcas y la redistribución del ingreso, más de lo mismo.
Pero me quedo con el discurso que dio en las oficinas de Google la semana pasada, como una muestra de los papelones que se pueden lograr combinando ignorancia, complejo de inferioridad, soberbia y una manga de asesores más ignorantes que su asesorada. Transcribo el párrafo:
Cualquier persona aficionada a la lectura, que guste de los clásicos españoles, sabe (o puede constatarlo), que el lenguaje de la edición original del Quijote no presenta demasiadas dificultades a un hispanoparlante actual. Si Cristina no leyó el Quijote, está bien, no tiene que hacerlo para ser presidente, no por haber prescindido de la célebre obra es ignorante ni mucho menos. Pero que simule versatilidad en el tema con el único objeto de hacer alarde de un nivel cultural que no tiene hace acordar más a un ex presidente que se jactaba de haber leído novelas de Borges y ensayos de Sócrates, que a la mezcla de Evita y Simone de Beauvoir que en vano pretende ser.
Que Yavé nos ampare. Con todo lo que ello significa.
Sigo en Mendoza, barado, como en un paréntesis, sin nada más que hacer que esperar un par de respuestas, igual el lunes saco pasaje y a mas tardar el viernes que viene llego a Moreno (la Capital puede esperar a después del 25). Aquí les dejo algo por si están aburridos, disculpen que no corrija, el teclado es incómodo y acá no me dejan fumar.
El país ya no solo naufraga, ahora también aburre, el conflicto con el campo, los cruces entre Alberto Fernández y los dirigentes agropecuarios, bailando por un sueño, la inseguridad, el humo, las cenizas, la eliminación de River (lógica, es un equipo que no debería poder jugar la Libertadores), la falta de combustibles, la inflación, los mails desestabilizadores sobre un falso corralito, el tren bala…. son temas que ya no merecen opinión; bien harían los medios en instalar otro debate, en poner de moda otra discusión, en buscar otros personajes o al menos producir mejores ficciones en la tele. Ya fue, este gobierno agotó todas las posibilidades de sorprendernos en 6 meses (y 5 años), ninguna otra estupidez que cometan podrá ya atraer nuestra atención.
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El debate entre el campo y el gobierno particularmente me hinchó las pelotas, uno provoca, el otro contesta, se envían señales, se amenazan, se critican, se chicanean, todo por TN. Basta, esto no es serio, parecen adolescentes, uno simula el interés por una política estructural para ocultar su verdadero interés: lo único que quiere es que bajen las retenciones, con eso no joden más, el otro se ha encaprichado a instancias de Néstor Kirchner en no ceder públicamente, en no mostrar debilidad, cuando en realidad la ganancia fiscal de la medida no es contundente ni mucho menos. Hay una realidad que los medios se olvidan de informar (y esto es posta, info de primera mano, o sea de la aduana): los cargamentos de granos que han sido embarcados del 10 de Marzo hasta hoy han estado pagando las retenciones vigentes antes del conflicto (35%), en la aduana los empleados no saben que hacer y cobran eso; o sea, todo este quilombo al pedo.
Mientras tanto las ratas empiezan a abandonar el barco, pero no saben para donde disparar, claro, no hay espacio pollítico en la oposición al que puedan recurrir, Scioli se hace el dolobu y algunos que hasta hace 15 días eran kirchneristas de la primera hora, empiezan a pedirle prudencia al gobierna. Peronismo en crudo.
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Pero si ustedes creen que Cristina es la única que baja 20 puntos de imagen en 6 meses, la única capaz de generar semajante quilom,bo de la nada tendrían que mirar para Mendoza: el Gobernador Jaque bajó su imagen positiva de 60 a 18 puntos de enero a hoy. Hay que entenderlo, el nunca pensó que iba aganar y prometió “seguridad”, ganó y tuvo que darle el ministerio a otro partido provincial para que ejecutara un plan fantasma con el que ganó las elecciones. El tipo le renunció a instancias de un par de mediocres picapleitos que hacen flor de negocios con la bandera derechos humanos desde hace bastante y todos se empiezan a preguntar si Jaque realmente está en sus cabales; la cara no lo ayuda mucho y encima es chpamedia de los kirchner que no le dan ni 5 de bola por haberle ganado a Cobos en Mendoza. Ahora, cuando el indeK deja de medir en las provincias y todos los gobiernos provinciales empiezan a trabajar en su índice propio, Mendoza (que fue modelo e indicador testigo de los fraudes de Moreno en el 2007) deja de medir inflación, no vaya a ser que la Reina se enoje y nos deje el déficit de 1.000 millones a cargo nuestro. Por suerte rajo, esto se incendia.
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Hay que instalar otros debates, basta de la alienación a la que nos someten los medios. Un tema a debatir en profundidad podría ser, por ejemplo, la educación secundaria, en particular la asignatura Lengua y Literatura, esta reflexión surge a raiz de estar al pedo, sin PC, y de haberme encontrado en la playa de estacionamiento del supermercado que está cerca de casa con la profesora de literatura que tuve en casi todos los años de secundaria. Nos saludamos afectuosamente, era una profesora piola, vino con nosotros de viaje de egresados, y nos dejaba salir antes de clases, hasta nos dejaba fumar, estas virtudes como docente secundaria son aún más admirables si se tiene en cuenta que yo cursé la secundaria en los 80′, década en la que aún no estaba permitido fajar a los docentes. El tema es que al despedirme de ella, me quedé pensando en su materia, traté de recordar que se hacía en literatura en la secundaria, pero claro, la buena mujer trataba de hacernos leer “El cantar del Mio Cid”, “Don Segundo Sombra” y, si mal no recuerdo, algunos poemas de Sor Juana Inés de la Cruz y Quevedo. Una vez en cuarto año creo que propuso “Mi Planta de Naranja Lima” de José Mauro de Vasconcelos, libro cuyo interés fundamental residía en algunas “malas palabras” (mierda, carajo, puta); pero yo había leído ese libro a los 12 años y en esa época ya leía la saga “Canguros” del Turco Asís (saga que escribió antes de convertirse en menemista y perder autoridad moral para el arte); recuerdo haberle recomendado a la profesora “Flores Robadas en los Jardines de Quilmes” y “Carne Picada”. El tema es que, por supuesto, nadie aprendió nada de literatura en esa escuela nunca, y ni si quiera recuerdan haber leído un libro entero. Bueno, basta de recuerdos, mi hipótesis es que la asignatura debería ser algo más “vanguardista” si se le puede llamar así, basta de los clásicos, nada de Dante, de Cervantes, o de Goethe, basta de Sarmiento, Hernández o Echeverría y su Matadero. Es mejor dar poco y bueno, para empezar nada de teoría ni de crítica literaria, nada de interpretación de textos, solamente literatura, es decir libros. En segundo lugar, poco y bueno: Lamborghini en la secundaria, literatura sin procesar, nada de mariconadas. En primner año se debería leer una y notra vez El Fiord y El Niño Proletario, por ser los emblemas más populares de Lamborghini (la punta del iceberg si se quiere), nada más, el resto del tiempo puede utilizarse para discutir sobre las alegorías del primer cuento o para que el profesor encuentre interlocutores obligados para sus poemas de servilleta o cuentos adolescentes. En segundo año hay un crecimiento considerable de los contenidos: “La Causa Justa”, “Pibe Barulo”, “el Cloaca Iván” y “Todo en la Vida”, que además de tener alguna línea narrativa, sirven de introducción al tercer curso dedicado por completo a “Vomir” (puede conseguirse como Tadeys, adjuntar este post), para el cuarto curso reservamos todas las poesías de Lamborghini, y finalmente en el último curso se puede incluir “Sebregondi Retrocede”, “Las Hijas de Hegel”, “El convenio Colectivo” y “Neibis”. Dejar el resto del material como electivo. Es importante que el profesor no intente influir, se debe limitar a controlar a los adolescentes (que no rompan nada” y a llevar las fotocopias.)
Como para exorcizar este frío atardecer de lunes les dejo uno de los fragmentos que me fascina de “Sebregondi Retrocede” (Osvaldo Lamborghini), al que vuelvo una y otra vez.
Un caso tortuoso
-Tanto dolor, ay, en la obviedad de la palabra obvia. Fue ayer un día de pasos transparentes donde a igual sinceridad y en bestial medida cada paso era un reflejo, una despedida, y al quebrarse el vidrio, a cada paso mío, yo quedaba ausente. Fue ayer un día de pasos transparentes. Caminé, compré sin ganas bajo el bronce, una novela rubia expuesta a la Recova de Once como quien ampara en la copa al delincuente, que quiebra el cuello de la mujer, igual que un tallo, en despedida. Fue ayer un día de pasos decadentes. Ayer un día de tanta transparencia para ver que quería hablar y no podía, tocar al pasar y no podía ¡Ayer fue un día!
-Tanto dolor, ay, en la obviedad de la palabra obvia. Hablábanme detrás las voces claras, a mis vulnerables espaldas les cantaban coros de no decir, de enmudecer. Coros de empalidecer, de no fluir, coros de no advertir -en un grado aceptable, transparente- tanto dolor, el ay, en la obviedad de la palabra obvia, obviamente. Por unos pesos de fraude encadenado compré la tal novela bajo el cobre. Y me fui a pasear a tantas millas que hasta pude olvidar las dulces esclavillas, que: en mi fantasía: adorantes me lamían el cáliz, lo hacían fluir y hacia él fluían. Ayer fue un día de pasos no esplendentes.
Al amparo de la copa el delincuente, bajo ese raro/amparo transparente, reflotó los trozos de su carne en mi bebida y yo rocé con los labios esa muerte: después tragué las hilachas cadavéricas, junto con el alcohol embestial medida. Fue ayer un día de soportar la embestida, transparente y al mismo tiempo aparatosa: consistía, ella, en una ráfaga lela, en una avalancha de capullos misteriosos -gacha flora- así como al compás de la novela esa fragilidad bebía transparencia de la copa y, en la carne muerta, bien leía.
Y leí después en letras de oro: “¿Por qué cantas o enmudeces todavía en este coro?” De los ganchos para la carne colgaban rimas (y bien que colgan) y ellas, las rimas, estaban podridas. He aquí -me murmuré- un espejo que no refleja, una vaciedad sin brilio que no asemeja, y he aquí un diálogo con el semejante que no puede seguir, ya, más adelante.
-Tanto dolor, ay, en la obviedad de la palabra obvia. Bajo el bronce, bajo el cobre, en medio de la red tendida por los pasos transparentes, compré por fin esa novela. Eternamente.
Lamborghini, Osvaldo;”Novelas y Cuentos I“;, Editorial Sudamericana NARRATIVAS; Buenos Aires, 2003; p. 42-43.
Para mi amigo Diego que me pidió que le recomiende un libro ágil y entretenido de Bioy.
Bioy Casares narra en una entrevista, que escribió esta novela cuando sintió que comenzaba a envejecer, según cuenta el propio Bioy también en el prólogo del libro, la idea se le ocurrió en el año 1966, la terminó en 1968. Cuando quizo publicar esta obra en algunos países europeos se encontró con que muchos de sus lectores fieles de más de 50 años la rechazaban. Soy un gran admirador de Bioy Casares, me encantan sus historias y su prosa, por ello soy de recomendar mucho sus libros. Cuando, durante una charla casual sobre literatura le recomendé a mi padre El Diario de Guerra del Cerdo me contestó: “Lo empecé a leer y no la pude terminar, ese libro es deprimente“, en ese momento mi padre debe haber rozado los 60 años de edad. Ese rechazo de mi progenitor y de algunos lectores mayores no es casual y no hace más que confirrmar la maestría narrativa de Bioy, que le permite describir perfectamente, con un lenguaje tan elegante como accesible, emociones y percepciones del hombre, al punto de lograr que el lector se identifique y se vea reflejado en sus personajes; al menos en esta novela logra eso.
La novela trata sobre el paso del tiempo, sobre el arribo de la vejez, sobre el efecto de los años en la mente y el cuerpo del ser humano; de ahí que quienes se sienten envejecer se vean reflejados, aunque más no sea inconscientemente, en las páginas de este libro; lo curioso es que muchos rechazan esa idea, ese reflejo, esa identificación precisamente por uno de los síntomas que, implícitamente, describe Bioy: la resistencia a ese cambio. (more…)
Se lee poco, cada vez menos. La proliferación de medios, la multiplicación de la oferta de actividades alternativas a la hora de pensar en qué hacer con el tiempo libre, la disminución del mismo, internet, la Play Station y otros avatares de la vida moderna son sin dudas factores que contribuyen a reafirmar el fenómeno, que sin embargo, intuyo, tiene causas más profundas, por lo menos en la Argentina.
Sobre la calidad de lo que se lee no voy a opinar, los gustos tienen fundamentos subjetivos, por lo que, desde el punto de vista estético, no se puede juzgar a priori las preferencias literarias de la mayoría (aunque tampoco es un dato relevante). Si gustan tanto Harry Potter, El Código Da Vinci y los cuentitos de Paulo Cohelo por algo será, yo prefiero otras cosas. Lo que si me gustaría saber es que leen ustedes, los que pasan por aquí. Les pido, si tienen un tiempito, que respondan en los comentarios, aunque sea la primera y última vez que visitan este blog. ¿Que están leyendo?
PD: Sobre el género preferido, en el costado hay una encuesta que pueden responder.
En un brevísimo resumen biográfico de Samuel Beckett podría decirse que nació en Dublin, Irlanda, el 13 de Abril de 1906. En 1927, tras culminar sus estudios, se fue a París a trabajar como profesor y allí trabó amistad con el gran James Joyce. Tras algunos ensayos críticos y distintas actividades por distintos países de Europa, se instala en Francia en 1945 y empieza a construir una de las obras más admirables de la literatura del siglo XX, en ella se destacan las obras de teatro Esperando a Godot (1952) y Fin de Partida (1957) las novelas Molloy (1951), Malone Muere (1951) y El Innombrable (1953), poesías, cuentos, ensayos y muchas otras obras teatrales y novelas geniales. En 1969 gana el Premio Nobel de Literatura, 20 años después, el 22 de diciembre de 1989, uno de los autores más extraordinarios de la literatura universal muere en París.
En la vasta obra literaria de Beckett la narrativa breve no está ausente, y no tiene nada que envidiarle a los mejores cuentistas de la historia de la literatura. Editorial Tusquets ha reunido, hace no mucho tiempo, todos estos relatos cortos, ordenados cronológicamente, en un libro. Los cuentos de Beckett son ideales para introducirse en su obra, recomiendo, a quien no lo haya hecho, emprender su lectura, que garantiza placer y fascinación.
Empecé esta novela, que cayó de casualidad en mis manos esta semana, con cierto grado de apatía e indiferencia, no soy muy adepto a la literatura norteamericana de finales del siglo XX y principios de XXI. Debo reconocer que Cormac McCarthy me sorprendió, logró desbaratar mi prejuicio basado en una generalización estúpida y miope
La Carreteraes la novela ganadora del Pulitzer 2007 a la mejor ficción. Mucho se ha dicho ya de este libro, por lo que es difícil dejar constancia de la impresión que me causó sin caer en lugares comunes. Noto una tendencia casi unánime de los lectores (la crítica que más me gusta) a clasificar la novela de “post-apocalíptica“, yo creo que más bien es apocalíptica, el mundo está en pleno proceso de cese de cualquier actividad vital sobre su faz. La extinción de la raza humana es inminente, está llegando a su destino final la especie, un destino ya vaticinado por algunos profetas. En medio de ese apocalipsis que opera sobre el mundo, un hombre y su hijo caminan por una carretera hacia el sur (¿de U.S.A.?), huyendo del frío, pero sin saber bien a que lugar específico dirigirse, sólo saben que deben ir al sur. La novela empieza y termina en la carretera, no se llega a conocer del todo el pasado de los personajes, pero tampoco importa demasiado. Padre e hijo fatigan carretera empujando un changuito de supermercados cargado con despojos de lo que fue el mundo, que sirven como instrumentos para la supervivencia. El escenario es desgarrador, pueblos abandonados, paisajes desolados sembrados de cadáveres y cenizas, y el peligro constante de encontrar a otros supervivientes que son, paradójicamente, la peor de las amenazas. Los recuerdos del padre sobre un pasado que por contraste parece el paraíso, los miedos del niño, los diálogos, las adversidades, la enfermedad, el frío y la muerte acechando, son todos matices que se combinan en el relato. Nietzche alguna vez se preguntó “¿Es posible que el hombre sea tan sólo un yerro de Dios? ¿O Dios tan sólo un yerro del hombre?“, el padre parece encontrar la respuesta afirmativa a la segunda opción y ello produce un vacío inconmensurable, sobre todo por el destino de su hijo.
La novela parece estar escrita para ser adaptada al cine, es fácil de leer, está construidas por frases cortas y muy concisas que a su vez erigen pequeños párrafos, escenas muy expresivas y fragmentarias de la desolación y el sufrimiento de esos dos seres indefensos.
Muchos ven en La Carretera una alegoría a los peligros actuales de la humanidad, una metáfora de la autodestrucción que lleva a cabo la raza humana o una revelación profética y actualizada de los pormenores de un apocalípsis probable. Muchos otros ven un mensaje ambientalista, de advertencia sobre los peligros de los ensayos nucleares y el envilecimiento del medio ambiente. Se pueden hacer múltiples lecturas, a mi me pareció una historia del amor de un padre por su hijo, una historia de amor, que renuncia al patetismo y se construye sobre el peor de los escenarios posibles: la muerte, la desesperanza, la nada, el no futuro. Claro que apela a las emociones, pero no desde el golpe bajo.
Me sorprendió también que la historia supere las barreras idomáticas conservando toda la fuerza poética y emocional, algo que habla bien de la narración y del talento del autor, claro que también del traductor. La descripción de los paisajes devastados y ruinosos es excelente y minuciosa sin quitarle agilidad al relato. La novela atrapa, se lee de un tirón y puede que, como a mi, emocione al lector en ciertos pasajes. A pesar de la densidad del lenguaje es accesible para cualquier tipo de público, sin perder calidad por ello. No es un libro de esos que obligan a pensar y a reflexionar, repito, busca aguijonear en las emociones y por momentos lo logra. La recomiendo.
En Argentina la edición es de Mondadori, está pésimamente encuadernada (al menos el ejemplar que recaló en la biblioteca de casa) y sale $32. ISBN 978987939772.
Si usted conociera los entretelones de la literatura, se daría cuenta de que el escritor es un señor que tiene el oficio de escribir, como otro de fabricar casas. Nada más. Lo que lo diferencia del fabricante de casas, es que los libros no son tan útiles como las casas, y después… después que el fabricante de casas no es tan vanidoso como el escritor.
En nuestros tiempos, el escritor se cree el centro del mundo. Macanea a gusto. Engaña a la opinión pública, consciente o inconscientemente. No revisa sus opiniones. Cree que lo que escribió es verdad por el hecho de haberlo escrito él. El es el centro del mundo. La gente que hasta experimenta dificultades para escribirle a la familia, cree que la mentalidad del escritor es superior a la de sus semejantes y está equivocada respecto a los libros y respecto a los autores. Todos nosotros, los que escribimos y firmamos, lo hacemos para ganarnos el puchero. Nada más. Y para ganarnos el puchero no vacilamos a veces en afirmar que lo blanco es negro y viceversa. Y, además, hasta a veces nos permitimos el cinismo de reírnos y de creernos genios…
…75 años después todo sigue igual y los periodistas han adoptado la misma conducta.