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Sin generalizar, porque las generalizaciones son malas y casi siempre hieren susceptibilidades individuales, creo que a los 17-18-19 años, por circunstancias e historias personales, muchas personas suelen no estar preparadas para hacer una elección tan importante como decidir que hacer una vez que finalizan los estudios secundarios (que ahora no se si se llaman “estudios polimodales” o lo que sea). Tal era mi caso hacia el año 1991 en el que egresé (todavía no se cómo) de la escuela secundaria. Un poco la inercia, otro poco la presunción de que el proceso natural dictaba que después de la secundaria venía la universidad y otro poco el peso que tenía por entonces la opinión paternal sobre mis decisiones, me llevaron a inscribirme, sin demasiado tiempo para reflexionar, sin tests vocacionales y sin demasiada convicción, en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Cuyo. La decisión se basó en argumentos tan triviales como endebles:  no me costaban matemática ni contabilidad, mi padre era contador y licenciado en economía (de hecho lo sigue siendo), con lo cual tenía todos los libros en casa, muchos amigos de la secundaria habían elegido esa carrera y se suponía que eran profesiones mejor remuneradas que el resto de las alternativas que había evaluado (Letras, Filosofía, Teatro y año sabático).

FCE

FCE

Ingresé así en 1992, tras un par de exámenes bastante fáciles, a la Facultad de Ciencias Económicas, cuyo plan de estudios contemplaba en esa época un ciclo básico común de un año y medio (tres semestres, o cuatrimestres, o como se llamen) tras lo cual se debía optar por una de las tres alternativas: Licenciatura en Economía, en Administración o Contador Público. Sin mayores inconvenientes pasé las materias del ciclo básico y como a esa altura nada me gustaba demasiado, para hacerme el groso, elegí Economía que era la carrera más analítica, con mayor dosis de matemáticas y estadísticas, y con menos alumnos, lo que nos convertía a los que elegíamos esa opción en una especie de elite.

Era la época de auge de la Covertibilidad, la mayoría de los profesores, gurúes diplomados en Chicago, Cambridge, Harvard o, más acá, en el Di Tella o el CEMA, exaltaban con pasión y modelos matemáticos las bondades del nuevo modelo, atribuían males como la inflación y el estatismo a un pasado nefasto y oscuro. Una sola vez un profesor llamado Jorge Day, lo recuerdo perfectamente, en una clase de Economía Monetaria del año 1996, hizo un planteo distinto: “Todo esto es muy lindo, pero me pregunto que va a pasar cuando del exterior se den cuenta del crecimiento exponencial de la deuda pública y nos dejen de prestar dinero para financiar viajes, electrodoméstico, autos y excesos del poder“. El resto nos explicaban las políticas de Cavallo como “lo que se debía hacer” en las economías en vías de desarrollo. Son los mismos que hasta hace unos meses veía en T.V. explicando las bondades del modelo K y que hoy empiezan a cuestionar las retenciones por las dudas.

Recuerdo que permanentemente sufríamos deserciones, cada año un puñado de los nuestros se pasaba a la carrera de Administración, de manera que en las últimas materias de la carrera jamás excedíamos las diez personas por curso, el tema era que, a medida que transcurría la carrera, era cada vez más evidente el destino profesional de los alumnos: el sector público, el exterior o la universidad. El resto de nuestros compañeros (de las otras carreras) nos preguntaban: “¿Qué es exactamente lo que hace un economista?”, la misma pregunta que la gente me sigue haciendo hoy cuando expongo mis credenciales, la misma que muchas veces me hago yo.

Licenciado en Economía

Licenciado en Economía

Hacia mediados del año 1999, con dos materias y el trabajo de investigación final pendientes, me di cuenta de que la economía me interesaba menos que siembra de orquídeas, pero no tenía ganas de empezar otra carrera (mucho menos de ponerme a sembrar orquídeas), rendí las dos materias que me quedaban y no fue hasta el 2004 que presenté mi Trabajo de Investigación (mal llamado “Tesis” por muchos). El diploma lo pedí recién en el 2008, antes de venir a Buenos Aires. Muchos de mis compañeros se fueron del país, o de la provincia, a hacer post-grados que les cambiasen el perfil profesional, otros consiguieron curros en el Estado que aún mantienen, otros trabajan en bancos y unos cuantos nos dedicamos al asesoramiento de empresas. En todos los casos debimos aprender desde cero algunas cuestiones y capacitarnos en cosas básicas que ni conocíamos. Hoy que, en otra ciudad, tengo que empezar a hacerme un lugar nuevamente en el mundo laboral, cada vez que armo mi currículum, que redacto una carta de presentación o que hago un inventario de mis talentos y habilidades para alguna entrevista laboral me hago la misma vieja pregunta que nos hacían cuando estudiábamos: ¿A qué exactamente se dedica alguien que estudió economía?

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Belo, al parecer, tuvo un sueño académico de muchos estudiantes universitarios y no tanto que suele con los años volverse recurrente, candorosamente intuye que una reunión que sirva de símbolo de la culiminación del año lectivo, la inmunizará de tales peripecias nocturnas. Utilicé toda mi fuerza persuasiva para comunicarle, en una forma no muy devastadora, lo que nos ocurre a muchos que ya hemos pasado por ese tipo de situaciones, el comentario se alargó tanto y me quedó tan estúpido que decidí, a falta de ganas de un post original, condenarlo a este reducto digital, este es el comentario devenido en post:

Estimada, lamento comunicarle que esos sueños que se originan en epopeyas estudiantiles no cesan nunca, a pesar de la aprobación de materias, a pesar de la obtención de títulos, a pesar de abandonos de carrera, los sueños de ese tipo son estigmas eternos; quizás disminuye la frecuencia, pero persisten hasta el final de la vida. No existe una explicación a tan aberrante comportamiento del inconsiente, quizás la mejor teoría es la de Sábato: el escritor postula que los sueños no son solo símbolos de la mente, son viajes a planos liberados de la prisión impuesta por el tiempo y el espacio, en los que se mezcla pasado, presente, futuro y obsesiones. Por eso son tan irracionales y absurdos, se mezclan abuelos con verdugos y las puertas de las cocinas muchas veces conducen a Barracas o a París indistintamente, son viajes a los que sólo se accede a través del sueño, de la locura o de la inspiración artística (que es otro tipo de locura) .Tiendo a aceptar esta explicación, a pesar de las ingenuidades cometidas por la ciencia en pos de una innecesaria elucidación. Pero la hipótesis demuestra que nuestros pasados son indispensables ingredientes de nuestros sueños, librarse de sueños universitarios es una quimera, comenzar la incursión en los mismos no tiene retorno.

Sueños

Demostración empíricas varias:

Yo sueño que me avisan de la facultad que tengo que rendir Análisis Matemático 2 (llamada Matemática III, aprobada en el 95), de lo contrario todas las correlativas serán borradas de mi analítico, llego tarde al exámen y al abrir el papel son flores y animales que hay que clasificar en categorías de las cuales nunca he sentido hablar. Extrañamente no me quejo, no deduzco en ese momento que ESO NO ES MATEMATICA; me resigno, por suerte despierto, me lleva varios minutos asegurarme de que me he recibido, por las dudas siempre tengo un analítico en el cajón de la mesa de luz.
Otras veces sueño que desapruebo Economía Internacional, eso lo vengo soñando igual desde el día en que empecé efectivamente a cursar esa materia, año 96′, el exámen es generalmente arriba de un coche, en el que tengo que seguir una ruta cuesta arriba. Cabe destacar que este sueño puede deber sus circunstancias al hecho de que en esa época un amigo que estudiaba la misma materia, al volver de la montaña, haya manejado por las famosas “curvas de ofrecimiento” que deben haber atormentado a miles de estudiantes de economía de la Universidad Nacional de Cuyo; también sueño en exámenes telefónicos, mi amigo Andrés, que por ahí aparece en este blog comentando, seguramente tendrá una buena explicación a este extraño modo de tomar exámenes en pesadillas anacrónicas, ya que estudié con él la infame asignatura.
Los sueños pueden variar en sus asignaturas (Contabilidad I también se repite) y circunstancias pero siempre retornan, a pesar de los años, he comprobado que esto es algo muy normal en la gente, le pasa a mi padre y a muchos amigos; lo cual nos otorga por un lado cierto alivio, pero también aniquila la esperanza de volver a dormir en paz.

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Cronología:
02/92: Ingreso a la Facultad de Ciencias Económicas a estudiar la carrera de Economía.
06/98: Rindo mi última materia, “Historia Económica”;  “me recibo“, me pelan, tiran huevos, etc.
11/04: Expongo mi tesis, después de “unos meses” sabáticos que se transformaron en años, me festejan, pero no me agreden (nada de huevos, pelada, etc.).
11/06: Tras tres intentos fallidos por partes de los directivos de la Facultad para que jure mi profesión, accedo a ir a jurar.

Muchos, inclusive yo nos preguntábamos que era exactamente “el juramento“….bueno acá les dejo una explicación gráfica:

Juramento

[ch]A la colación ya avisé que no voy, para que?…si YASTA!!!![/ch]
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